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PAX NOBIS

Queridos cofrades: Que este mes de noviembre, en el que se celebrará la fiesta de Cristo Rey, nos sirva para conocerle mejor. Estoy seguro que en Nuestra Señora, la de los ojos misericordiosos, encontraremos la ayuda necesaria para conseguirlo. Amén.   

Las intenciones del Papa para el mes noviembre son las siguientes:

·         Universal: Diálogo, para que nos abramos al encuentro personal y al diálogo con todos, también con quienes piensan distinto de nosotros.

·         Misionera: Por la evangelización: Los pastores de la Iglesia: Para que los pastores de la Iglesia, con profundo amor a su rebaño, acompañen su camino y animen su esperanza.   

Festividades importantes:

1.- Todos los santos.

2.- Conmemoración de los Santos Difuntos.

21.- Presentación de la Virgen María.-

22.- Jesucristo, Rey del Universo del universo.- 

29.- Primer domingo de Adviento.

 

 

Oración por los difuntos, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

La experiencia de la muerte de los amigos y familiares provoca siempre dolor y sufrimiento. A cada persona, la pérdida de un ser querido le trae a la mente los días pasados en su compañía, los sufrimientos compartidos, el cariño recibido y las alegrías vividas en común. Por ello, no deberíamos avergonzarnos nunca del dolor y de las lágrimas derramadas por nuestros difuntos. Son la mejor demostración del amor que les profesábamos y de la gratitud que les debemos.

Los grandes santos, como nosotros, experimentaron también el desgarro interior ante la muerte de los suyos. San Agustín nos dejó testimonio escrito del hondo dolor que le produjo la muerte de su querida madre. Dice el Santo: “Mientras le cerraba sus ojos, una inmensa tristeza se espesaba en mi corazón y se transformaba en un río de lágrimas. Pero, ¿qué era lo que me dolía tan intensamente, sino la reciente herida abierta por la ruptura repentina de nuestra convivencia diaria, tan agradable y tan querida?”.

Este testimonio de San Agustín nos ayuda a comprender que el profundo dolor por la separación de nuestros seres queridos nos afecta a todos. Ahora bien, tanto el Santo de Hipona como todos los cristianos, en virtud de nuestra fe en el Resucitado, podemos experimentar también la gran esperanza que se abre al ser humano con la muerte. En la vida y en la muerte, quienes creemos en Jesucristo, confiamos en el cumplimiento de aquellas palabras suyas: “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”.

George Weigel pone en evidencia la manipulación del texto final del Sínodo por parte de los kasperitas

George Weigel desenmascara en un artículo las falacias de los padres sinodales y los medios de comunicación que pretenden hacer creer al mundo que la Relatio Final del Sínodo general sobre la familia admite en casos concretos el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar.

La Iglesia, acogiendo con fe la Palabra de Dios y meditando en la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte en virtud de su resurrección, además de profesar en el Credo su profunda convicción en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro, no cesa de pedir a Dios, en la celebración de la Eucaristía y en otras oraciones litúrgicas, que se acuerde de su hijos, muertos con la esperanza de la resurrección, y que los lleve a contemplar la luz de su rostro por toda la eternidad.

Pero, además de estas oraciones diarias por los difuntos, la Iglesia, a partir del siglo XI, estableció la conmemoración de todos los fieles difuntos, el día 2 de noviembre. Con esta celebración, la Iglesia no sólo pretende expresar la profunda comunión existente entre los fieles difuntos y los que aún quedamos en este mundo, sino que anima a todos sus hijos a orar al Padre celestial por el descanso eterno de quienes nos han precedido en la fe. La participación en la vida de Cristo, celebrada el día del bautismo, tiene que llegar a su plenitud después de la muerte. Esta convicción, rechazada por quienes se apoyan únicamente en las demostraciones científicas, tiene pleno sentido para quienes confesamos nuestra fe en Jesucristo resucitado.

Con la confianza en nuestra propia resurrección, cuando el Señor quiera llamarnos a su presencia, oremos confiadamente por nuestros familiares y amigos difuntos. Pidamos especialmente por quienes mueren a causa del odio y de la violencia, o no tienen a nadie que ore por ellos. Que el Señor les conceda a todos el descanso eterno y los reciba en la región de la luz y de la paz,  para que puedan contemplar cara a cara a su Salvador.

Con mi bendición, que el Señor acreciente nuestra fe en la vida eterna.
Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Notas:

A.     En el mes de octubre se ha celebrado en Roma el Sínodo sobre la familia (“La Relatio finalis” la podéis encontrar en internet en la dirección siguiente: http://www.infovaticana.com/2015/10/24/documento-final-del-sinodo-relatio-finalis/. No obstante el que tenga dificultades técnicas para dar con ella, que me la pida que se la proporcionaré). Pues ya se están haciendo (incluso por altas jerarquías de la Iglesia) comentarios e interpretaciones que se alejan no poco del texto aprobado. Hay que oír al grito del mundo, pero no para hacer lo que el mundo pide sino lo que pide el Señor. Si hay que predicar a Jesús crucificado, como nos decía San Pablo, pues se predica a Jesús crucificado aunque el mundo lo tome por locura o escándalo. El número no crea verdades, si ello fuera así dado que hay, a mi juicio,  más ladrones y corruptos que divorciados y vuelto a casar y homosexuales y lesbianas, habría que afirmar que los ladrones y corruptos deberían proponer que ellos podrían comulgar tranquilamente sin confesarse y sin propósito de la enmienda. ¡Viva la Pepa!

B.     La recta conciencia. Es necesario seguir lo que nos dicta nuestra conciencia. Pero para que esa conciencia nos obligue es necesario que no se trate de una conciencia formada de cualquier forma. La conciencia que obliga es la que de toda la vida se ha denominado “recta conciencia”. ¿Qué es la recta conciencia? La formada después de un profundo estudio, una petición de consejo a personas formadas, y un buen rato de oración. Si nos inclinamos por una determinada posición en base a la teoría del mal menor, tenemos que examinar previamente si ese mal menor es efectivamente un mal menor, o pueden existir otras alternativas menos malas. Y en cualquier caso mucha oración, pero mucha oración.

C.    El mundo (personas de la jerarquía eclesiástica incluidas) lleva mucho tiempo metiéndose con la Iglesia por el denominado caso “Galileo” (Eppur si muove (y sin embargo, se mueve). La Iglesia no debe meterse en cosas ajenas a la Iglesia (estoy totalmente de acuerdo). Pero aparte de que Galileo nunca, pero nunca dijo esa frase, fue examinado por causas no siempre relacionados sobre el movimiento de la tierra, la prueba está que ya algunos eclesiásticos con anterioridad a Galileo había afirmado que era la tierra la que se movía alrededor del Sol, y no les pasó nada. Según Gustavo Bueno La enemistad de la Iglesia contra Copérnico y Galileo no fue por geocentrismo, sino por el atomismo, que sí planteaba dificultades para explicar el dogma de la transustanciación”.  Pero es que resulta que la parte de la jerarquía eclesiástica que no deja de hablar de Galileo, se pasa el día hablando de cosas no le corresponde, ya que su misión, su única misión, es predicar el Evangelio (San Mateo 28, 16-20; San Marcos 16, 15-18), y la forma de actuar de conformidad con el mismo, todo lo demás se escapa de su jurisdicción.

D.    La jerarquía eclesiástica,  por mor de un proyecto de programa electoral del PSOE sobre la enseñanza de la religión,  ha vuelto a reafirmar la tradicional doctrina de la Iglesia sobre el derecho a enseñar. Y a ahora parece que se van a tomar medidas para que la enseñanza sea una enseñanza católica y no una tomadura de pelo. El Cardenal Cañizares ha propuesto un programa, que si se cumple, parece que va a enderezar las cosas. El propio papa Francisco, en carta  dirigida al presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza, monseñor César Franco, con motivo del XIII Congreso de Escuelas Católicas que se celebra desde este jueves en Madrid, ha animado este esfuerzo.

E.     El culto a las imágenes: La enseñanza de la Iglesia Católica afirma que el culto a las imágenes es un culto de veneración y no de adoración. Además es un culto relativo: el honor va a los seres representados en las imágenes, esculturas o pinturas. Por esta razón, están equivocados los que acusan a los católicos de ser idólatras. Los que contemplan las imágenes deben elevarse  a recordar y desear a quienes representan, y a besar con veneración no de latría, que solamente a la naturaleza divina se debe dar... el honor a las imágenes pasa a los que se representan. Así se refuerza la doctrina de nuestros santos Padres, la Tradición de la santa Católica Iglesia...» (II Concilio Ecuménico de Nicea: 24 de septiembre-23 de octubre del año 787). Como se ve, podemos tener imágenes de Cristo, la Virgen, los santos y los varones ilustres, es decir personajes que hicieron algo en favor de la humanidad por lo cual merecen el respeto de todos. Las tenemos para recordar a las personas que representan y manifestar hacia ellas nuestro cariño (= veneración). «El sagrado Concilio manda... que además las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los santos, se conserven principalmente en los templos y se les tribute el debido honor y veneración, no porque se crea que en ellas resida alguna divinidad o poder, por lo cual deba dárseles culto, o que a ellos haya que pedirles algo, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que a ellas se les rinda se refiere a las personas que ellas representan: de tal modo que a través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación tienen ellas, veneramos» (Concilio Ecuménico de Trento: 3 de diciembre de 1563).

Además las imágenes tienen una función catequética muy importante. Una imagen nos puede enseñar tanto o más que un escrito. Pero que quede claro que solo son imágenes y a lo que debemos prestar nuestra atención es a lo que representa. Debemos tener claro que la Virgen es siempre la Virgen María, que es conocida con muchas denominaciones, ya que a los fieles ver a la Virgen de una u otra forma le inspira más o menos devoción (hecho perfectamente legítimo). Con esto queda aclarada la doctrina Católica con relación al culto que se debe a las imágenes, que no es de adoración, sino de simple veneración o respeto, como se hace con la fotografía de la abuelita difunta, el monumento a un héroe, etc. En efecto, si rendimos homenaje a ciertos objetos que nos recuerdan a la Patria (la bandera), a un héroe (monumento a Emiliano Zapata) y a un ser querido (retrato o carta de la mamá difunta), ¿por qué no podemos hacerlo con todo lo que nos recuerda a Dios, a la Virgen, a los ángeles y los santos? Viendo estos objetos, nos acordamos de las personas que representan y tratamos de conformar nuestra conducta a sus enseñanzas y ejemplos. Además, es muy importante subrayar que cualquier acto de homenaje que se rinda a estos objetos, va a las personas representadas o simbolizadas en ellos (la cruz simboliza a Cristo que murió en ella). Claro que si alguien cree que alguna imagen o estatua tiene algún poder especial y le pide algún favor, se está portando mal. Una cosa es pedir a Dios delante de una imagen y otra cosa es pedir a la imagen.

F.     Si fijamos la atención en las preces que se efectúan después de la lectura del Evangelio, nos sorprenderá por la cantidad de cosas (alguna de ellas de lo más peregrino) para las que se pide la intervención del favor divino. ¿Pero alguno ha oído pedir, aunque sea una sola vez: Que los pecadores se arrepientan de sus pecados, se confiesen y reanuden su amistad con el Padre, proporcionando en el Cielo esa alegría de que se nos habla en el Evangelio?  ¡Se le recompensará con un Euro de oro!   

G.    Dialogar. Todo el mundo habla de la necesidad y de la bondad del dialogo. Magnifico, dialoguemos. Pero esta universalización del dialogo presenta, ad initio, una dificultad no pequeña. Para dialogar es imprescindible tener unos conocimientos mínimos para poderlo hacer. Cada una de las partes que interviene en el dialogo debe tener claro cuál es su posición y en que se fundamenta. Después de oír a los otros dialogantes debe saber qué cosas de lo dicho por ellos pueden ser aceptadas y cuales no, y razonar lo que dice. Es decir, para dialogar hay que estar formado. ¿Nuestros pastores nos ha preparado para este dialogo? ¿Nuestros pastores nos han proporcionado una formación seria para que el dialogo sea un dialogo eficaz, y no una conversación banal? ¿Enviarnos a un dialogo sin tener una preparación suficiente es un acto responsable? ¡Qué cada uno de los responsables se responda a si mismo, y que cada palo aguante a su vela¡

LA IGLESIA EN ESPAÑA Y EN EL MUNDO

En el mes de octubre toda la atención de la Iglesia ha estado fijada en el Sínodo, antes mencionado.

Su redacción final es la  antes mencionada.  No faltaran, como se hizo con el Concilio Vaticano II,  interpretaciones interesadas para hacerle decir lo que no dice. “Es OBLIGACIÓN” (ojo he dicho obligación) de los pastores (Papa, Cardenales, Arzobispos, Obispos, Presbíteros,  Diáconos,…) que su resoluciones lleguen sin tergiversaciones al pueblo llano, ya que, como dijo Paulo VI cuando declaró su Credo del Pueblo de Dios (¿quién ha oído a alguna autoridad eclesiástica hablar de él?) el pueblo llano tiene derecho a que se le enseñe la doctrina con sencillez y claridad. Y está claro que si el pueblo tiene ese derecho la otra parte tiene la obligación de enseñársela y dejarse de monsergas.

Cuando vemos la diligencia  y el amor con el que algunos Obispos se dirigen a sus feligreses (en España y en el mundo entero) y la apatía o desinterés de otros, nos entra una santa envidia y somos tentados a cambiar de diócesis.

 

MEDITACIÓN

En la revista MAGNIFICAT (cuya lectura os aconsejo) he encontrado, en la meditación de hoy, este maravilloso escrito que con su permiso implícito, os transcribo literalmente: Sor María de la Eucaristía quería encender las velas para una  procesión. No tenía cerillas, pero al ver la lamparilla que arde ante las reliquias, se acercó; pero, iay!, la encontró medio apagada, no quedaba más que un débil destello en la mecha carbonizada. Sin embargo, consiguió encender su vela, y, gracias a su vela, se fueron encendiendo todas las de la comunidad. Fue aquella lamparita medio apagada la que produjo aquellas hermosas llamas que, a su vez, hubieran podido producir infinidad de otras e incluso incendiar el universo. Sin embargo, la causa primera de ese incendio se debería siempre a aquella lamparita.

Lo mismo ocurre con la comunión de los santos. Muchas veces, sin que nosotros lo sepamos, las gracias y las luces que recibimos las debemos a un alma escondida, porque Dios quiere que los santos se comuniquen la gracia unos a otros por medio de la oración, para que en el cielo se amen con un gran amor, con un amor todavía mucho mayor que el amor de la familia, hasta el de la familia más ideal de la tierra. ¡Cuántas veces he pensado si no podría yo deber todas las gracias que he recibido a las oraciones de un alma que haya pedido por mí a Dios y a la que no conoceré más que en el cielo!

 

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS.- Carmelita descalza; es doctora de la Iglesia (1873-1897).

Estamos, una vez más, en presencia del Cuerpo Místico de Cristo. En la multiplicación de los panes y de los peces. En la pobre que da lo poquísimo que tiene para vivir,…

En el ofertorio de la misa, en el cáliz junto al vino se pone una gota de agua. Esta gota de agua, que nos representa, junto al vino que representa, en cierto modo a Jesús, va a convertirse todo junto en la sangre de Jesucristo. Jesús que ha convertido el agua en vino, nos convierte en cuerpo suyo, para que de esta forma seamos aceptables al Padre. Jesucristo es la cabeza y nosotros el cuerpo de la Iglesia. Tenemos la obligación de rezar por los pecadores, nosotros incluidos en primer lugar, pues en virtud del Cuerpo Místico de Cristo, y por los sobrados méritos de Jesús, esos rezos se convierten en panes y peces infinitos, para alimento de los necesitados. Jesús quiere darnos infinidad de cosas buenas, pero quiere que se la pidamos, que se las pidamos reiteradamente y con fe. Es lo poco que nos pide (La mies es mucha, pedir al dueño de la mies…) procuremos no defraudarle.

  

 

POESÍA

 

PAN DE ÁNGELES


Comida celestial, pan cuyo gusto

es tan dulce, sabroso y tan suave,

que al bueno, humilde, santo, recto y justo,

a manjar celestial, como es, le sabe;

Justa condenación del hombre injusto

si come el pan de Dios se encierra y cabe;

el sumo Dios que en sí se da y oculta

diga el bien que de tanto bien resulta.

Pan de ángeles, Dios tan verdadero,

que, aunque se quiebra, se divide y parte,

está un inmenso Dios, trino y entero,

en cualquiera migaja y menor parte;

Agnus Dei, sincerísimo Cordero

que en pan al pecador gustas de darte;

pues eres todo Dios, el que es bastante,

de su deidad en sí cifrada cante.

Eres, pues, Dios, de tu deidad tan digno

que no hay justo ni santo entre los santos

que no se juzgue y tenga por indigno

de bocado que da regalos tantos;

eres Pan para el bueno, tan benigno

que de tribulaciones y de llantos

le produces y das gloriosos bienes,

y para con el malo los detienes.

Eres, pan celestial, lo figurado

de aquel maná sabroso del desierto;

Tú lo vivo y aquello lo pintado,

aquello la figura y tú lo cierto;

eres, pan, tan glorioso y endiosado

que a decir tus grandezas yo no acierto:

las angélicas lenguas lo prosigan,

que faltas quedarán aunque más digan.


Fray Luis de León

 

Os reitero que se admiten, mejor dicho se agradecerán infinitamente, toda clase de sude sugerencias y colaboraciones para tratar de que estas cartas nos sirvan para acrecentar nuestro amor a la Virgen María.

Un fuertísimo abrazo.

Sursum corda. Habemos ad Dominum.

 

Paco.