Blue Flower

Pax Nobis

Queridos cofrades, va a comenzar la Cuaresma, pidamos a nuestra Señora, que sepamos aprovechar este periodo de camino hacia la Cruz,  como preparación para celebrar al menos no indignamente  la muerte y resurrección de Jesucristo.  Amén. 

 

Las intenciones del Papa para el  mes enero son las siguientes:

·         Universal: El respeto a la creación. Para que cuidemos de la creación, recibida como un don que hay que cultivar y proteger para las generaciones futuras. 

·         Misionera: Por la evangelización: Pueblos de Asia y la fe cristina. Para que aumente la oportunidad de diálogo y de encuentro entre la fe cristiana y los pueblos de Asia.   

Festividades especialmente importantes de este mes:

·         Día 2: Jornada de la Vida Consagrada. 

·         Día 10: Miércoles de Ceniza.

·         Día 11: Jornada mundial del Enfermo.-

·         Día 14. Colecta de la campaña contra el hambre, Manos Unidas. 

 

Notas: Libro Hecho de los Apóstoles. (6, 1-6) Nácar Colunga).-   

La elección de los diáconos.-  Por aquellos días, habiendo crecido el número de los discípulos, surgió una murmuración de los helénicos contra los  hebreos, porque las viudas aquellas eran mal atendidas en el servicio cotidiano.  Los Doce, convocando al pleno de los discípulos, dijeron: No es razonable que  nosotros abandonemos el ministerio  de la palabra de Dios para servir a las mesas. 3 Echad el ojo, hermanos, de entre vosotros, a siete  varones que gocen de reputación, llenos de espíritu y de sabiduría, a los que encarguemos de este menester,  pues nosotros debemos atender a la oración y al ministerio de la palabra.  Fue bien  recibida la propuesta por toda la muchedumbre, y eligieron a…

 

Los cristianos van creciendo en número, los apóstoles no dan abasto para todo; y se produce un hecho que tiene gran trascendencia: las viudas de los cristianos helénicos no están siendo bien atendidas.  Ello motiva una discusión entre helénicos y hebrero.  Los apóstoles (a los que se supone que son conocedores de los criterios de Jesús), no niegan la trascendencia del hecho, a las viudas hay que cuidarlas. Pero ellos, los apóstoles, tienen una misión más trascendente que no pueden descuidar, el predicar el evangelio y orar.  Y  nombran a unos señores para que se encarguen de llevar a cabo la obra de caridad de cuidar a las viudas.  Está solución a todos les parece bien. Es la solución correcta.

 

En los momentos actuales, en los que el número de presbíteros es escaso y que no para de hablarse, por la jerarquía eclesiástica,  de la importancia de los seglares dentro de la Iglesia, ¿cuántas  que hacen los sacerdotes no podrían ser llevadas a cabo por seglares a los que se preparasen para hacerlo bien?

Como sucede casi siempre, una cosa es predicar y otra dar trigo.

 

¿Qué hace la jerarquía eclesiástica para preparar a los seglares? ¿Qué hacemos los seglares para prepararnos? 

 

HABLA EL PAPA:

A.      «LA MEJOR MANERA DE CONOCER Y DAR A CONOCER A JESÚS».- 3/01/16.- El Papa exhorta a acercarse al Evangelio, meditarlo y encarnarlo en la vida cotidiana.-

Queridos hermanos y hermanas ¡feliz domingo! La liturgia de hoy, segundo domingo después de Navidad, nos presenta el Prólogo del Evangelio de San Juan, en el que se proclama que «el Verbo – o sea la Palabra creadora de Dios – se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn1,14). Esa Palabra, que reside en el cielo, es decir en la dimensión de Dios, ha venido a la tierra a fin de que nosotros la escucháramos y pudiéramos conocer y tocar con las manos el amor del Padre. El Verbo de Dios es su mismo Hijo Unigénito, hecho hombre, lleno de amor y de fidelidad (Cfr. Jn 1,14), es el mismo Jesús.

El evangelista no esconde el carácter dramático de la Encarnación del Hijo de Dios, subrayando que al don de amor de Dios se contrapone la no acogida por parte de los hombres. La Palabra es la luz, y sin embargo los hombres han preferido las tinieblas; la Palabra vino entre los suyos, pero ellos no la han acogido (Cfr. vv. 9-10). Le han cerrado la puerta en la cara al Hijo de Dios. Es el misterio del mal que asecha también nuestra vida y que requiere por nuestra parte vigilancia y atención para que no prevalezca.

El Libro del Génesis dice una bella frase que nos hace comprender esto: dice que el mal está agazapado a la puerta» (Cfr. 4,7). Ay de nosotros si lo dejamos entrar; sería él entonces el que cerraría nuestra puerta a quien quiera. En cambio, estamos llamados a abrir de par en par la puerta de nuestro corazón a la Palabra de Dios, a Jesús, para llegar a ser así sus hijos.

En el día de Navidad ya ha sido proclamado este solemne inicio del Evangelio de Juan; y hoy se nos propone una vez más. Es la invitación de la Santa Madre Iglesia la que acoge esta Palabra de salvación, este misterio de la luz.

Si lo acogemos, si acogemos a Jesús, creceremos en el conocimiento y en el amor del Señor y aprenderemos a ser misericordiosos como Él. Especialmente en este Año Santo de la Misericordia, hagamos de modo que el Evangelio sea cada vez más carne en nuestra vida. Acercarse al Evangelio, meditarlo y encarnarlo en la vida cotidiana es la mejor manera para conocer a Jesús y llevarlo a los demás.

Ésta es la vocación y la alegría de todo bautizado: indicar y donar a los demás a Jesús; pero para hacer esto debemos conocerlo y tenerlo dentro de nosotros, como Señor de nuestra vida. Y Él nos defiende del mal, del diablo, que siempre está agazapado ante nuestra puerta, ante nuestro corazón, y quiere entrar.

Con un renovado impulso de abandono filial, nosotros nos encomendamos una vez más a María: precisamente en el pesebre contemplamos en estos días su dulce imagen de Madre de Jesús y Madre nuestra.

 

B.      9 enero, 2016. El Papa Francisco explica el discernimiento de espíritus en su homilía en la Casa de Santa Marta: ‘Hay que estar atentos a los espíritus que nos alejan de Dios’.

“Las obras de misericordia son el corazón de nuestra fe”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta tras la pausa navideña. Deteniéndose en la primera lectura, tomada de la Primera Carta de San Juan Apóstol, el Pontífice advirtió que es necesario estar atentos ante la mundanidad y ante aquellos espíritus que nos alejan de Dios, que se ha hecho carne por nosotros:

“Permanecer en Dios”. El Santo Padre Francisco desarrolló su homilía a partir de esta afirmación del Apóstol Juan. “Permanecer en Dios – dijo  – es un poco el alcance y el estilo de la vida cristiana”. Porque un cristiano “es el que permanece en Dios”, el que “tiene en sí al Espíritu Santo y se deja guiar por Él”. Al mismo tiempo – prosiguió – el Apóstol pone en guardia al hecho de dar “fe a todo espíritu”. De modo que es necesario poner “a prueba a los espíritus, para comprender si provienen, verdaderamente, de Dios. “Y ésta – afirmó el Papa –  es la regla cotidiana de vida que nos enseña Juan”.

¿Pero qué quiere decir entonces “poner a prueba a los espíritus”? –  se preguntó –. Y añadió que no se trata de “fantasmas”. Sino que se trata de “probar”, ver “qué sucede en mi corazón”, cuál es la raíz “de lo que estoy sintiendo ahora, y de dónde viene. “Esto es poner a prueba –  dijo el Papa – para saber si lo que “siento viene de Dios” o viene de otro, “del anticristo”.

Discernir lo que sucede en nuestra alma

La mundanidad – reafirmó Francisco –  es precisamente “el espíritu que nos aleja del Espíritu de Dios, que nos hace permanecer en el Señor”. Por tanto – volvió a preguntarse – ¿cuál es el criterio para “hacer un discernimiento correcto acerca de lo que sucede en mi alma?”. Y respondió que el Apóstol Juan da uno solo: “Todo espíritu que reconoce a Jesucristo que vino en la carne, es de Dios, y todo espíritu que no reconoce a Jesús, no es de Dios”: “El criterio es la Encarnación. Yo puedo sentir tantas cosas dentro, incluso cosas buenas, ideas buenas. Pero si estas ideas buenas, estos sentimientos, no me conducen a Dios que se ha hecho carne, no me conducen al prójimo, al hermano, no son de Dios. Por esta razón, Juan comienza este pasaje de su Carta diciendo: ‘Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos recíprocamente’”.

Las obras de misericordia están en el centro de nuestra fe

Podemos hacer “tantos planes pastorales” –  añadió el Papa –  e imaginar nuevos “métodos para acercarnos a la gen-te”, pero “si no seguimos el camino de Dios que vino en la carne, del Hijo de Dios que se ha hecho hombre para caminar con nosotros, no estamos en el camino del buen espíritu: es el anticristo, es la mundanidad, es el espíritu del mundo”: “¡Cuánta gente encontramos en la vida que parece espiritual!: ‘Pero, ¡qué persona espiritual, ésta!’; pero no hables de hacer obras de misericordia. ¿Por qué? Porque las obras de misericordia son precisamente lo concreto de nuestra confesión, que el Hijo de Dios se ha hecho carne: visitar a los enfermos, dar de comer a quien no tiene comida, cuidar a los descartados… Obras de misericordia: ¿por qué? Porque cada hermano nuestro, que debemos amar, es carne de Cristo. Dios se ha hecho carne para identificarse con nosotros. Y con el que sufre, es Cristo quien lo sufre”.

Si el espíritu viene de Dios me lleva al servicio a los demás “No dar fe a todo espíritu y estar atentos  – reafirmó el Papa – poner a prueba a los espíritus para saber si provienen verdaderamente de Dios”. Y subrayó que “el servicio al prójimo, al hermano, a la hermana que tiene necesidad”, que “tiene necesidad incluso de un consejo, que tiene necesidad de ser escuchado”, “estos son los signos de que vamos por el camino del buen espíritu, es decir, el camino del Verbo de Dios que se ha hecho carne”:

“Pidamos al Señor hoy la gracia de conocer bien qué cosa sucede en nuestro corazón, qué cosa nos gusta hacer, es decir, lo que a mí me toca más: si el espíritu de Dios, que me lleva al servicio de los demás, o el espíritu del mundo que gira en torno a mí mismo, a mis cerrazones, a mis egoísmos, a tantas otras cosas… Pidamos la gracia de conocer qué cosa sucede en nuestro corazón”.

C.      «No se trata solo de hacer asistencia social sino de ofrecer la fuerza del Evangelio».- 25/01/16. NOTA 1.-

 

LA IGLESIA EN ESPAÑA

Antonio Cañizares Llovera.- Cardenal y Arzobispo de Valencia.- La familia, urgencia inexcusable.-

NOTA 2.-

 

LA IGLESIA EN EL MUNDO

19/01/16 (Catholic Herald).- El cardenal Dolan pide a los fieles participar en la campaña «9 días por la Vida».- El cardenal Dolan ha llamado a los fieles norteamericanos a participar en la campaña «9 días por la Vida». El prelado, director del comité de obispos norteamericanos de actividades Pro Vida ha urgido a todos los que se preocupan de «la tragedia del aborto» a comprometerse con una «visión de vida y amor, una visión que no excluya a nadie».

El punto fuerte de la campaña es una novena, entre el 16 y el 24 de enero, cuya «intención principal es poner fin al aborto». La campaña hace uso de algo que hace décadas los fundadores del movimiento pro vida jamás hubieran imaginado: los medios sociales. La intención es compartir la novena con la comunidad en las redes sociales a tevés de publicaciones, videos y selfies con la etiqueta.

Cada día la guía de oración -en inglés o español- puede obtenerse a través de un app, email o mensaje de texto y la gente puede seguir la campaña de la novena en Twitter, Instagram o Facebook. Todos los participantes pueden expresar por qué se sienten parte del movimiento pro vida y qué significa para ellos; pueden también recibir diariamente recordatorios para la oración vía correo electrónico o mensajería, además de sugerencias para lecturas. Además de la oración dedicada a poner fin al aborto existe un enfoque hacia una variedad de diversos asuntos. Se alienta a los participantes a discutir dichas cuestiones e incluso se ofrecen temas de discusión y actividades según el caso. «La mayoría de los norteamericanos se oponen a la política que permite el aborto prácticamente por cualquier causa, y sin embargo muchos aún no se han percatado de que eso es lo que el Tribunal Supremo ha decretado», dijo el cardenal Dolan en una declaración el pasado quince de enero.

Las causas Roe vs.Wade y Doe vs. Bolton vistas por el Tribunal Supremo en 1973 legalizaron el aborto prácticamente a pedido.

«La mayoría quiere proteger al niño no nacido en las últimas etapas del embarazo, regular o limitar la práctica del aborto y parar el uso de los impuestos para la destrucción de niños no nacidos», aseguró el cardenal. «Aun muchos no apoyan importantes metas del movimiento pro-vida y no se identifican como pro-vida, este hecho debe llevarnos a examinar cómo presentamos nuestra visión pro-vida a otros».

Lobby abortista: El purpurado dijo que «aunque a los norteamericanos les sigue molestando el aborto», el lobby abortista bien financiado siente que «el aborto debe ser celebrado como un bien positivo para las mujeres y la sociedad, y los que no lo proveen en conciencia deben ser condenados por practicar medicina de baja calidad y presentar una ‘guerra contra las mujeres’». Expresó, igualmente, su pesar de que en el 2015 la legislatura no hubiera adoptado la Ley Antidiscriminatoria del Aborto, la cual habría protegido el derecho de todos aquellos que laboran en los servicios médicos de rehusarse a participar en abortos optativos debido a sus creencias religiosas u objeciones de carácter moral.

«A pesar de que esto es preocupante», dijo el cardenal Dolan, «es también una oportunidad». Los militantes pro-vida deben alcanzar a una «gran mayoría de norteamericanos», que están «abiertos a escuchar un mensaje de reverencia a la vida... Nosotros, que presentamos un mensaje pro-vida debemos siempre buscar mejores mensajeros», dijo. «Una causa que muestra el inexpresable gran valor de todos y cada uno de los seres humanos no puede mostrar desdén o irrespeto por ningún ser humano», añadió.  El cardenal también dijo que el Año de la Misericordia convocado por el papa Francisco es un tiempo para que los hombres y mujeres encuentren alivio a través del Proyecto Raquel de la Iglesia Católica, un ministerio para las personas que han sufrido un aborto.

 

MEDITACIÓN

Con la finalidad de facilitar el poder dialogar con un mínimo de solvencia, entiendo que es imprescindible saber cuáles son las verdades que constituyen el núcleo de nuestra Fe. Por ello, la meditación de este mes y siguientes la vamos a llevar a cabo estudiando el credo católico, mediante el estudio y comparación de tres credos: El Credo denominado de los Apóstoles; el Credo de Nicea, y el de Pablo VI. Utilizaré, como libro base, “El Credo del Pueblo de Dios”, de Cándido Pozo, S.I. publicado en la B.A.C. el año 1968.  

¿Por qué se produjo la proclamación del último Credo?  Porque ha sido usual en la historia de la Iglesia, que terminado un concilio ecuménico, se publicara un Credo, como culminación de lo aprobado por el mismo.

Así vemos que el credo que normalmente rezamos los domingos, es el credo del concilio de Nicea. El concilio de Trento y el de Vaticano I, confeccionaron, asimismo, sus credos, si bien siguieron el criterio de dejar inalterado el credo de Nicea, añadiéndole unos apéndices. Al terminar el concilio Vaticano II, muchos padres conciliares pidieron al Papa, Paulo VI, que se proclamara un Credo. De este criterio participaba el Padre Congar, que hizo un proyecto de Credo, por encargo del papa. Proyecto que no debió de gustar al papa, puesto que no hizo caso alguno al mismo.

Está comúnmente aceptado, que la base del credo fue concebida y redactada por Jacque Maritain, con posterioridad a la publicación de su libro El paisano de Garona, en la que se critica severamente cierta posición de la iglesia postconciliar, por considerarla “arrodillada ante el mundo”.  En carta de Maritain al cardenal suizo Charles Jounert de fecha 12 de enero de 1967 expresa que es su deseo que “El Soberano Pontífice redacte una profesión de fe completa y detallada, en la cual sea explícito todo lo que está realmente contenido en el Símbolo de Nicea. Ésta será, en la historia de la Iglesia, la profesión de fe de Pablo VI”. Por encargo del citado cardenal suizo, que había recibido una insinuación  papal, Maritain redacto un  proyecto de Credo, que fue asumido en su casi totalidad por el papa.  Este credo se separa del criterio de los concilios de Trento y Vaticano, que como hemos dicho mantuvieron el credo de Nicea, con la apostilla de unos apéndices. El Credo de Paulo VI, coincidiendo sustancialmente con el credo de Nicea, tiene, como luego veremos una redacción propia.        

En las palabras previas a la proclamación del Credo (Vaticano, 30 de junio de 1968) el Papa dice que hace tal declaración,  por exigencias de su obligación, como sucesor de Pedro,  por mandato de Cristo de confirmar a sus hermanos en la fe, ya que hay un grupo de hombres que está agitado en la fe.   Textualmente nos dice: “Así, pues, este día, elegido por Nos para clausurar el año llamado de la fe, y en esta celebración de los santos apóstoles Pedro y Pablo, queremos prestar a Dios, sumo y vivo, el obsequio de la profesión de fe. Y como en otro tiempo en Cesárea de Filipo, Simón Pedro, fuera de las opiniones de los hombres, confesó verdaderamente, en nombre de los doce Apóstoles, a Cristo, Hijo del Dios vivo, así hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes.

Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo—sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan—buscan la Verdad.

Por tanto, para gloria de Dios omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo la confianza en el auxilio de la Santísima Virgen María y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, para utilidad espiritual y progreso de la Iglesia, en nombre de todos los sagrados pastores y fieles cristianos, y en plena comunión con vosotros, hermanos e hijos queridísimos, pronunciamos ahora esta profesión de fe”.

¿Qué valor teológico tiene esta Profesión de fe?  Aunque el mismo Paulo VI dice que no hay que dar a la misma “el carácter de verdadera y propiamente definición dogmatica”, es evidente que por reproducir declaraciones  definidas en los concilios y recogidas en la Tradición de la Iglesia, nos encontramos ante un acto de su magisterio de especial gravedad, como lo muestra las palabras del pontífice antes dichas.

Este Credo sigue la estructura del credo de Nicea, y en él se pueden distinguir, siguiendo su propia estructura,  nueve partes: a) Unicidad y Trinidad de Dios, b) Cristología, c)  Espíritu Santo,  d) Mariología, e) Pecado original, f) Eclesiología, g) Eucaristía, h) Encarnacionismo,  e i) Escatología.  

Continuará…

 

POESIA

 

SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

 

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

 

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

 

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

 

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

 

 

Os reitero, una vez más, que se admiten, mejor dicho se agradecerá infinitamente, toda clase de sugerencias y colaboraciones para tratar de que estas cartas nos sirvan para acrecentar nuestro amor a la Virgen María.

Un fuertísimo abrazo.  Sursum corda. Habemos ad Dominum.  Paco

 

 

NOTA 1.-

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! En el Evangelio de hoy, el evangelista Lucas antes de presentar el discurso programático de Jesús de Nazaret, resume brevemente su actividad evangelizadora. Es una actividad que Él realiza con el poder del Espíritu Santo: su palabra es original, porque revela el sentido de las Escrituras; es una palabra autorizada, porque manda incluso a los espíritus impuros y estos obedecen (Cfr. Mc 1, 27). Jesús es diferente de los maestros de su tiempo: por ejemplo, Jesús no ha abierto una escuela para el estudio de la Ley, pero va a predicar y enseña por doquier: en las sinagogas, por las calles, en las casas, siempre andando. Jesús también es diferente de Juan Bautista, quien proclama el juicio inminente de Dios, mientras Jesús anuncia su perdón de Padre.

Y ahora entramos también nosotros - imaginamos - que entramos en la sinagoga de Nazaret, la aldea donde creció Jesús hasta llegar casi a los treinta años. Lo que sucede allí es un acontecimiento importante, que traza la misión de Jesús. Él se levanta para leer la Sagrada Escritura. Abre el rollo del profeta Isaías y elige el pasaje en el que está escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4, 18). Después, tras un momento de silencio lleno de la expectativa de todos, dice, en medio del estupor general: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (v. 21).

Evangelizar a los pobres: ésta es la misión de Jesús; según [lo que] Él dice; ésta es también la misión de la Iglesia, y de todo bautizado en la Iglesia. Ser cristiano y ser misionero es la misma cosa. Anunciar e1 Evangelio, con la palabra y, antes aún, con la vida, es la finalidad principal de la comunidad cristiana y de cada uno de sus miembros. Se nota aquí que Jesús dirige la Buena Nueva a todos, sin excluir a nadie, más bien, privilegia a los más lejanos, a los que sufren, a los enfermos, a los descartados de la sociedad.

Pero hagámonos una pregunta: ¿Qué significa evangelizar a los pobres? Significa ante todo acercarse a ellos, significa tener la alegría de servirlos, de liberarlos de su opresión, y todo esto en el nombre y con el Espíritu de Cristo, porque es Él el Evangelio de Dios, es Él la Misericordia de Dios, es Él la liberación de Dios, es Él quien se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza.

El texto de Isaías, reforzado por pequeñas adaptaciones introducidas por Jesús, indica que el anuncio mesiánico del Reino de Dios venido entre nosotros se dirige de modo preferencial a los marginados, a los prisioneros y a los oprimidos.

Probablemente en tiempos de Jesús estas personas no estaban en el centro de la comunidad de fe. Y podemos preguntarnos: ¿Hoy, en nuestras comunidades parroquiales, en las asociaciones, en los movimientos, somos fieles al programa de Cristo? ¿La evangelización de los pobres, llevarles el feliz anuncio, es la prioridad?

Atención: no se trata sólo de hacer asistencia social, y menos aún actividad política. Se trata de ofrecer la fuerza del Evangelio de Dios, que convierte los corazones, sana las heridas, transforma las relaciones humanas y sociales según la lógica del amor. En efecto, los pobres están en el centro del Evangelio.

Que la Virgen María, Madre de los evangelizadores, nos ayude a sentir fuertemente el hambre y la sed del Evangelio que hay en el mundo, especialmente en el corazón y en la carne de los pobres. Y obtenga para cada uno de nosotros y a toda comunidad cristiana testimoniar concretamente la misericordia, la gran misericordia que Cristo nos ha donado.

 

 

NOTA 2.-

Luchar contra la delincuencia juvenil, contra la droga o la violencia, o contra la prostitución de la mujer y favorecer al mismo tiempo el descrédito o el deterioro de la institución familiar, basada en el matrimonio único e indisoluble entre un hombre y una mujer, o trivializar y desfigurar la verdad y grandeza de la sexualidad, y la unión esponsal del hombre y de la mujer, es cuando menos una ligereza y en todo caso una contradicción y una desfiguración de lo verdadero.

Acabamos de celebrar este domingo pasado la fiesta de la Sagrada Familia. Esto me da pie para hablar de nuevo sobre la familia: el futuro de la humanidad y del mundo se fragua en la familia y pasa a través de ella, porque es el ambiente fundamental del hombre y fermento de progreso humano y moral. El bien del hombre y de la sociedad está profundamente vinculado a la familia. A ella debe la sociedad su propia existencia. Es una exigencia fundamental e imprescindible salvar y promover la verdad que constituye y en la que se asienta la familia, así como los valores y exigencias que ésta presenta. Todos los pueblos y naciones de la tierra son deudores de la institución familiar, verdadera medida de la grandeza de una nación, del mismo modo que la dignidad del hombre es la auténtica medida de la civilización y de una genuina cultura que haga justicia a la verdad y grandeza de la persona humana y su vocación. La familia es el primero y más importante camino del que no puede alejarse ningún ser humano.

Si hay que hablar, por ello, de una renovación o de una regeneración de la sociedad humana, y también de la misma Iglesia, hay que comenzar por la renovación, regeneración, fortalecimiento y consolidación de la familia, asentada sobre el matrimonio único e indestructible, entre un hombre y una mujer, abierto a la vida, institución fundamental para la felicidad de los hombres y la verdadera estabilidad social. Esperar una renovación de la sociedad en sus valores sin una profunda renovación de la familia constituye un espejismo o una quimera sin base. Por esto mismo es necesario luchar y hacer lo imposible para que la familia no sea suplantada ni debilitada por nada ni por nadie, ni por falsas concepciones ni por intereses o políticas que no amparen y salvaguarden su verdad, ni por otros tipos de uniones que la suplantan y que no hacen justicia a lo que es la familia en su misma entraña. Esto lo requiere no sólo el bien privado de toda persona, sino también el bien común de toda sociedad, nación o Estado de cualquier continente.

Nos encontrarnos en unos momentos cruciales para el futuro de la familia. Se requiere no sólo el fortalecimiento interno y espiritual de la familia, sino también una política adecuada y verdadera que favorezca la familia tanto en los aspectos económicos y sociales como en los jurídicos e institucionales; tanto en lo que se refiere a la necesaria formación humana y moral de la adolescencia y juventud, como en lo que se refiere a la previsión y servicios sociales, vivienda, tratamiento fiscal, condiciones necesarias para propiciar el ejercicio de la maternidad y la educación de los hijos. La sociedad tiene la grave responsabilidad de apoyar y vigorizar la familia, y su fundamento que es el matrimonio único e indisoluble entre un hombre y una mujer, abierto a los hijos y empeñado en su educación. La misma sociedad tiene el inexorable deber de proteger y defender la vida, cuyo santuario es la familia, así como dotar a ésta de los medios necesarios –económicos, jurídicos, educativos, de vivienda, trabajo– para que pueda cumplir con los fines que le corresponden a su propia verdad o naturaleza, y asegurar la prosperidad doméstica en dignidad y justicia. Así mismo ha de garantizar los derechos de los hijos a nacer, crecer, educarse en el interior de la familia en el sentido indicado.

Desde los diversos sectores de la vida social hay que apoyar, por tanto, el matrimonio y la familia, facilitándoles todas aquellas ayudas de orden económico social, educativo y cultural que hoy son necesarias y urgentes para que puedan seguir desempeñando en nuestra sociedad sus funciones insustituibles, incluso creando el ambiente social y cultural que proteja a la familia y la fortalezca en su verdad más propia. La familia, por el bien de todos y por el futuro de la sociedad, ha de ser objeto de atención y de apoyo decidido por parte de cuantos intervienen en la vida pública. No ayudar debidamente a la familia constituye una actitud irresponsable y suicida que conduce a la humanidad por derroteros de crisis, deterioro y destrucción de graves e incalculables consecuencias. Algunas posiciones están jugando con fuego, y ya nos estamos quemando. La Iglesia, por amor y servicio al hombre al que se debe, a través de los Papas, de los Obispos, proclama y defiende a tiempo y destiempo el Evangelio de la familia, y denuncia en ocasiones, algunas de esas posiciones que tienen que ver con muchos aspectos con la verdad del hombre y de la mujer, con lo que es el amor y el matrimonio, con lo que es la verdad y la grandeza de la sexualidad, con lo que es la vida y las fuentes de la vida, con lo que es la dignidad de la persona humana, con lo que son las exigencias de justicia social, y con tantas y tantas cosas que señala en su magisterio.

Educadores, escritores, políticos y legisladores, no pueden dejar de tener en cuenta que gran parte de los problemas sociales, y aun personales, de hoy tiene sus raíces en los fracasos o carencias de la vida familiar. Luchar contra la delincuencia juvenil, contra la droga o la violencia, o contra la prostitución de la mujer y favorecer al mismo tiempo el descrédito o el deterioro de la institución familiar, basada en el matrimonio único e indisoluble entre un hombre y una mujer, o trivializar y desfigurar la verdad y grandeza de la sexualidad, y la unión esponsal del hombre y de la mujer, es cuando menos una ligereza y en todo caso una contradicción y una desfiguración de lo verdadero. Son muchas, tal vez demasiadas, las ligerezas y contradicciones que en este sentido se han producido en nuestra sociedad durante bastante tiempo y parece que existe el empeño por parte de algunos en seguir incurriendo en ellas, agravándolas, con la difusión de modelos, concepciones o formas de vida que se difunden y aun con nuevas legislaciones que atentan a la entraña de la institución familiar.

Es particularmente necesario un renovado empeño por parte de la Iglesia y de las familias cristianas para promover una verdadera «política familiar» y una genuina educación en todo lo que contribuya a fortalecer la familia. Se requiere urgentemente aunar esfuerzos y conjuntar e impulsar múltiples iniciativas aportando ideas, propuestas, instrumentos operativos al servicio de la promoción de la verdad y el bien de la familia y de la vida. En estos momentos es muy importante favorecer la difusión de la doctrina de la Iglesia sobre la familia de manera renovada y la responsabilidad social y política de las familias cristianas, promover asociaciones o fortalecer las existentes para el bien de la familia, para la defensa de la familia y de la vida. Es preciso defender y promover los derechos de la familia. Es preciso defender el derecho a la vida. Es necesario difundir la enseñanza de la verdad y grandeza de la sexualidad humana. Son necesarias muchas cosas, y a ellas apunta el magisterio de la Iglesia, y la reflexión sobre la familia llevada a cabo en el último Sínodo.

 

La Iglesia tiene una especial responsabilidad en esta gran urgencia de nuestro tiempo que es «salvar y fortalecer a la familia», para el bien y futuro del hombre y de la sociedad, potenciarla y alentarla, conforme a la verdad que la constituye, que es la inscrita por su Creador en su más profunda entraña. Hemos de constatar que hoy, en España, la familia padece graves males; no hay que ocultarlos si queremos curarlos; es lo que tratan de hacer la Iglesia con su magisterio: afrontar sin complejos sus causas y soluciones. Desde aquí pido a sacerdotes, padres, educadores, asociaciones que tienen que ver con la familia, a políticos, a comunicadores y periodistas, a educadores, y a quienes me quieran escuchar, que nos adentremos en la lectura fiel del magisterio de la Iglesia, y a que con lucidez, libertad y decisión lo apliquemos en toda su extensión y hondura.