Blue Flower

Pax Nobis

 

Queridos cofrades, ya tenemos la Semana Santa a la vista,  pidamos a nuestra Señora, que la muerte de su Hijo nos lleve a una resurrección con Él.  Amén. 

Las intenciones del Papa para el  mes marzo son las siguientes: Universal: Familias en dificultad. Para que las familias en dificultad reciban los apoyos necesarios y los niños puedan crecer en ambientes sanos y serenos. Misionera: cristianos perseguidos. Que los cristianos discriminados o perseguidos a causa de su fe se mantengan firmes en las pruebas guardando la fidelidad al evangelio, gracias a la oración incesante de toda la Iglesia.

 

Festividades especialmente importantes de este mes:

·         Día 19: San José (patrono de la Iglesia universal).

·         Semana Santa (días 20 al 27).

Pensamiento

Nacar-Colunga.-  127.- (Vg 126).- Todo éxito depende de la divina protección.- 1 Cántico gradual. De Salomón. | Si Yahvé no edifica la casa,  en vano trabajan los que la construyen,  Si no guarda Yahvé la ciudad,  en vano vigilan sus centinelas. 2 Vano os será madrugar, acostaros tarde y que comáis el pan del dolor,| pues lo da a sus amados aunque duerman. 3 Don de Yahvé son los hijos;  es merced (suya) el fruto del vientre. « Lo que las saetas en la mano del guerrero,  eso son los hijos de los años mozos. 4 ¡Dichoso el que llenó de ellos su aliaba!  No serán confundidos cuando hayan de litigar | en la puerta con sus adversarios.

 

Este salmo tiene su origen en  la época de la vuelta del exilio de Babilonia y  se pretende reconstruir el Templo y la Ciudad (el hecho se produce después de la toma de Babilonia por Ciro, en el año 539 a.C.). Los constructores, ante las dificultades de la tarea, siguiendo al salmista, lo cantan para animarse, con ello se ponen en evidencia que  creen en la providencia de Dios y en la obligación de someter a Él  todos sus planes.  Dios es el que debe gobernar su vida, sus planes y sus hogares.

San Juan Pablo nos dice que comprender el significado espiritual del salmo 126, "puede ayudar mucho conocer su contexto histórico. Nuestro salmista vive en medio de las gravísimas dificultades del tiempo de la restauración después del destierro; se intenta reconstruir el templo, las murallas y la ciudad, pero las gentes que ocuparon Palestina durante el destierro lo impiden. Por ello, al mismo tiempo que se reconstruye, es necesario luchar contra los que se oponen a la reconstrucción. Es necesario, como lo dice el salmo 149, «que los fieles canten jubilosos, con vítores en la boca» (vv. 5-6), dando gracias a Dios por el retorno, que, con su trabajo, reconstruyan el templo y que, al mismo tiempo, tengan «espadas de dos filos en las manos» (v. 6) para defender a los constructores. Es, pues, en este contexto de vigilancia, de reconstrucción y de trabajo duro en medio de enemigos, que Israel debe recordar que en vano se cansan los albañiles, en vano vigilan los centinelas, si Dios no colabora, si no es el mismo Señor quien construye la casa y guarda la ciudad".

En los versículos restantes está implícita, además de la creencia en la bondad de una familia numerosa fiel a Yahvé (en la que se ve una cierta  analogía entre Jesús y la Iglesia),  la idea de que el premio a las buenas obras se recibe en esta vida, y consiguientemente, los sufrimientos que padecemos son consecuencia de los pecados cometidos bien por el que los sufre bien por sus progenitores. Esta tesis se pone a prueba ya en el Libro de Job, y no se llega a una solución definitiva hasta que nos la da Jesucristo en Juan 9,3:" Contestó Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifieste en él las obras de Dios". Es decir, Dios tiene un plan y ese plan debe ser amado por nosotros, Toma tu cruz y sígueme. No hay silencio de Dios, Dios habla siempre, somos nosotros los que queremos someter su criterio a nuestro criterio. Nosotros no somos imagen de Dios, es Dios el que está hecho a nuestra imagen. El Génesis no puede ser más claro en lo que se pretende: "si coméis de ese fruto seréis como dioses,...".

Los versículos 1 y 2, nos hacen saber que sin la ayuda de Yahvé nada nos será provechoso. Los restantes versículos nos narran las ventajas de estar bien relacionados con Yahvé, que proporciona una familia numerosa y unida. 

El salmo es una bella poesía, que nace para ser cantado mientras realizamos trabajos manuales, y meditado antes de comenzar los intelectuales. Jesús mismo en sus subidas a Jerusalén, como los demás peregrinos,  lo cantaría.   Este hecho debe servir para hacer una  meditación.

Interpretar correctamente los dos primeros versículos es imprescindible para poder formar una recta conciencia.

Una interpretación meramente literal, sobre todo del versículo 2,  nos puede llevar a considerar que Yahvé lo hace todo, que nosotros no tenemos nada que hacer. Yahvé  elige gratuitamente a sus elegidos, y estos, por este mero hecho,  son salvados. El mismo Papa Francisco en una de sus homilías afirmó: "..., a veces, por egoísmo o ganas de poder, rechazamos la fiesta a la cual el Señor nos invita gratuitamente".  Y continua insistiendo  en la gratuidad de la llamada  y nos advierte de la posibilidad de incurrir en el pelagianismo (doctrina que  defendía que la gracia no tiene ningún papel en la salvación, lo único importante es  obrar bien siguiendo el ejemplo de Jesús).

Nada más lejos de la realidad. Su razonamiento tiene, a mi juicio, un doble fallo: a) Contiene una petición de principio. Nadie niega el principio de la gratuidad de la llamada. Pero sucede que el  quid de la cuestión no está ahí, sino  saber si esa gratuidad de la llamada, que, repito, nadie niega, es suficiente para la salvación o es imprescindible, además, que el hombre colabore en algo.  San Agustín, nos advierte: "Él (Dios) que te creó sin ti, no te salvará sin ti".  b) Se contradice a sí mismo,  al admitir que "debemos" aceptar la invitación a la fiesta a la que hemos sido gratuitamente llamados.  Luego algo tenemos que hacer, aceptar la invitación, con todo lo que ello implica.  

Pero hay otra interpretación más lógica, ya que si estudiamos atentamente el contenido del versículo, y sobre todo si tenemos en cuenta  la época que  nace y en el modo en que  se recitaba (mientras los centinelas vigilaban y los albañiles construían),  el salmo nos hace saber que es preciso vigilar y que es preciso construir, de hecho los israelitas estaban vigilando y construyendo. La fe (llamada de Yahvé) sin obras, es una fe perdida.

En el concilio de Trento, el jesuita Diego Laínez (más tarde general de la orden) en su discurso sobre la justificación, se opuso a fray Jerónimo Seripando, quien sostenía que bastaban los méritos de Jesucristo para la salvación,  poniendo el siguiente ejemplo,  el del  Rey que ofrece  una joya a aquel guerrero que venciese en un torneo. Y sale el hijo del Rey y dice a uno de los que aspiran a la joya: «Tú no necesitas sino creer en mí. Yo pelearé, y si tú crees en mí con toda tu alma, yo ganaré la pelea». A otro de los concursantes el hijo del Rey le dice: «Te daré unas armas y un caballo; tú luchas, acuérdate de mí, y al término de la pelea yo acudiré en tu auxilio». Pero al tercero de los que aspiraban a la joya le dice: «¿Quieres ganar? Te voy a dar unas armas y un caballo excelentes, magníficos; pero tú tienes que pelear con toda tu alma». El ejemplo convenció a los padres conciliares.

La primera postura es la de los protestantes. La segunda se acerca a la posición católica, pero es la tercera la que concuerda con ella totalmente.

Vaya por delante, además, que no se discute que los  meritos de Jesús al ser infinitos puedan obtener, por sí solos, sin más, la salvación de todo el género humano. Nadie osará negar esto.  Pero sucede que por las razones que fuere, Dios quiso que el hombre necesariamente colaborara en su salvación. Toma tu cruz y sígueme. 

La necesidad de esta colaboración, que además solo puede hacerse con su ayuda ("sin mí nada podéis"), se encuentra manifestada reiteradamente en los evangelios.  A ellos, y no a un deseo de los hombres, nos tenemos que ajustar los que creemos en Él.

La idea central de este salmo es nítida: Sin Dios nada se puede, con Dios se puede  todo.  Y aunque no lo dice expresamente, la idea implícita es que, no obstante, es preciso vigilar y construir, pero con el auxilio de Dios. 

 

HABLA EL PAPA

 

Durante el mes de febrero los hechos, los discursos y sermones más importantes del Papa han sido los que ha hecho con motivo de su viaje a México o relacionados con el mismo. Como han sido publicados (y alguno de ellos comentados) en todos los periódicos omito su reseña. No obstante por considerarlo de suma importancia y transcendencia en la nota 1 os transcribo la Declaración conjunta del Papa Francisco y del Patriarca Kiril de Moscú y Toda Rusia.-

 

LA IGLESIA EN ESPAÑA

A.     Varios obispos se han quejado, y con toda razón, del escaso o nulo valor que se concede a la Religión en los nuevos  los programas de estudios. Ahora bien, ¿se preocupan, de verdad, los quejosos señores obispos de que los profesores de religión estén suficientemente preparados y tomen en serie su labor educativa? ¿Se preocupan de que los catequistas, de primera comunión, confirmación y matrimonio, enseñen correctamente la doctrina de la Iglesia? A la vista de lo que enseñan no pocos profesores y catequistas, sería mejor que se suprimieran ambas.  

No es suficiente pedir que se den clases y que se hagan catequesis, es imprescindible que todas ellas se lleven a término enseñando la doctrina católica y no la personalísimas de los encargados. Señores obispos es esta una obligación esencial suya, luego no se quejen. 

B.     El 'disparate' laicista de PSOE y Podemos enfada al arzobispo de Toledo. "Estos partidos lo que están diciendo es que nosotros somos los que discriminamos y ellos son los buenos de la película, los que garantizan la libertad religiosa", ha indicado Monseñor Rodríguez.

El Primado de España considera disparatado retirar los servicios religiosos de los hospitales, COMO PROPONEN PODEMOS Y EL PSOE.  Tiene toda la razón de mundo.

¿Pero qué partido, que no es ninguno de esos dos, lo mantendrá o lo hará efectivo si llega al poder?  Yo estoy seguro que lo hará, no tengo la mínima duda. ¿Verdad Celia?

C.    Un sermón interesante: Camino de la Pascua: transfigurarnos con Él.- En esta Cuaresma Jesús quiere elevarnos de nivel, llevarnos consigo a su monte santo. No podemos continuar con una vida rastrera, a ras de tierra, topándonos cada día con los mismos problemas. Hemos de levantar el vuelo e ir con Jesús a lo alto, para mirar nuestra vida desde otra perspectiva, desde la perspectiva de Dios. Monseñor Demetrio Fernández.- Obispo de Córdoba.-  NOTA 2.-

 

 

LA IGLESIA EN EL MUNDO

En diversas regiones del mundo, Australia y Canadá, obispos,  uno condenado y el otro imputado, han sido luego declarados inocentes. Sus imputaciones han salido en todos los periódicos, ¿pero de su absolución quien se ha enterado?

Meterse con los católicos sale gratis; pero qué le vamos a hacer, somos discípulos de un DIOS-HOMBRE que siendo inocente, murió crucificado pidiendo a su Padre que perdonara a los crucificadores. Esa  ventaja se la damos a nuestros adversarios que no enemigos porque Jesús y su Santísima Madre nos lo pide y nos conceden las gracias suficientes para sopórtalo, no es mérito nuestro.

 

MEDITACIÓN.

Siguiendo el plan previsto y anunciado en la carta anterior, vamos comentar el apartado primero del Credo, “La Unicidad y Trinidad de Dios”.  Los tres credos que vamos a examinar nos dicen:  

 

EL SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la tierra, y en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor,”

 

CREDO DE NICEA: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho;”.  

 

CREDO DEL PUEBLO DE DIOS: “8. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles —como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida— y de las cosas invisibles —como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles— y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal.

9. Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1J n 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a sí mismo a nosotros y que, habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en si mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas. Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano.

Sin embargo, damos gracias a la divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad.

10. Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí, la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad.”.

 

Comentario.-  Voy a hacer  un comentario muy somero, ya que no me considero capacitado para hacerlo con mayor profundidad; pero me daría por muy satisfecho si sirviera de estímulo  para que alguno se animara a estudiar este maravilloso misterio.

Como se aprecia a simple vista el nuevo credo tiene una extensión mucho mayor que la de sus precedentes. El Papa entiende que hay que aclarar diversos puntos, hoy día objeto de discusión.  

Aunque del Símbolo de los apóstoles y del  credo de Niceno-Constantinopolitano se deducía claramente  la unicidad de la Santísima Trinidad; en el Credo de Paulo VI, está terminante declarado. Creemos, dice,  en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Hay un solo Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se trata de tres personas distintas,  eternas entre sí e iguales entres sí.

Se produce una perfecta simultaneidad de Unicidad y Trinidad en Dios, nos afirma esta profesión de fe.

Hoy, puede considerase como doctrina común que toda operación divina “ad extra” es común a las tres divinas personas, mientras que en las operaciones “ad intra” se manifiestan por separado las tres personas divinas. Esta declaración ya se encuentra en el Concilio VI de Toledo. 

Por ello, la creación del mundo, a pesar de que casi siempre, por comodidad,  se atribuye  al Padre, es una actuación de las tres personas. La misma encarnación del Hijo (por ser operación ad extra) es una  actuación de las tres personas: el Padre, envía, el Hijo, se encarna, y el Espíritu Santo, vivifica.   

El Dios Trino crea el mundo (universo), lo visible e invisible (se cita expresamente a los ángeles porque hay sectores católicos,  autodenominados progresistas, que ponen en duda su existencia).

A nosotros, en este momento, nos interesa una declaración de este Credo: Que Dios es el creador, en cada hombre, de cada alma espiritual e inmortal. 

Un alma espiritual e inmortal, se dice,  no puede ser mero producto de la acción generativa de los padres, sino como ya anticipo él nunca suficientemente bien  ponderado Pio XII, “la fe católica nos manda mantener que las almas son creadas inmediatamente por Dios.”.

El hecho de que el alma humana sea creada directamente por Dios, tiene una transcendencia total en la consideración del aborto. La ciencia actual ha demostrado sin duda alguna que desde el momento mismo de la fecundación existe un ser vivo y diferente de la madre. Luego si existe un ser vivo es que ya tiene alma, un alma espiritual e inmortal, que ha creado directamente Dios, Nuestro Señor. El aborto implica, en consecuencia una destrucción querida y voluntaria de una obra llevada a término por Dios. Ante tan atroz consecuencia no nos queda otro remedio que ratificarnos en el NO AL ABORTO.

Un no al aborto que no puede darse por satisfecho con decir no al aborto, sino que nos debe de obligar a ayudar de verdad a todas las personas que sienten la tentación de abortar.

El número 9 trata de explicar de la mejor manera humanamente posible, el misterio de las relaciones de las tres personas divinas entre sí. Entiendo que con  lo que en él se dice queda suficientemente explicado lo que es humanamente conocer de este misterio.

 Como conclusión, podemos afirmar que toda la adoración, culto de latría, que prestemos a Dios, uno y trino, nunca será suficiente, siempre nos quedaremos cortos. Pero no desesperemos, Dios (que como dice la Biblia es  el que es y el que es amor) cualquier detalle que nosotros le hagamos con amor, nos lo va a agradecer y a tener en cuenta. Pobrecillos, dirá, si es que no dan para más,…

Continuará…

 

POESIA

 


Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
hierran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendréisme seguro con tres clavos.


Lope de Vega

 

Os reitero inútilmente, una vez más, que se admiten, mejor dicho se agradecerá infinitamente, toda clase de sugerencias y colaboraciones para tratar de que estas cartas nos sirvan para acrecentar nuestro amor a la Virgen María.

Un fuertísimo abrazo.  Sursum corda. Habemos ad Dominum.  Paco

 

NOTA 1.- Declaración conjunta del Papa Francisco y del Patriarca Kiril de Moscú y Toda Rusia.-

 

“Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos vosotros” (2 Corintios 13,13).

Por la voluntad de Dios Padre, de quien procede todo don, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo Consolador, nosotros, Francisco, Papa y Obispo de Roma, y Kiril, Patriarca de Moscú y Toda Rusia, reunimos hoy en La Habana. Damos gracias a Dios, glorificado en la Santísima Trinidad, por este encuentro, el primero en la historia. Con alegría, nos reunimos como hermanos en la fe cristiana que se encontraron para “hablar… personalmente” (2 Juan, 12), de corazón a corazón, y discutir las relaciones mutuas entre las Iglesias, los problemas palpitantes de nuestro rebaño y las perspectivas del desarrollo de la civilización humana.

Nuestro encuentro fraterno se llevó a cabo en Cuba, en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. Desde esta isla, un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo y de los dramáticos acontecimientos de la historia del siglo XX, dirigimos nuestras palabras a todas las naciones de América Latina y de otros continentes. Nos alegra el hecho de que hoy en día aquí la fe cristiana evoluciona dinámicamente. El potencial religioso de gran alcance en América Latina, sus tradiciones cristianas multiseculares, manifestadas en la experiencia personal de millones de personas, son clave para un gran futuro de esta región.

Al reunirnos a distancia de las antiguas disputas del Viejo Mundo, sentimos muy fuertemente la necesidad de colaboración entre los católicos y los ortodoxos, que deben estar siempre preparados para responder a cualquiera que les pida razón de la esperanza (1 Pedro 3, 15).

Damos gracias a Dios por los dones que hemos recibido a través de la venida al mundo de su Hijo Unigénito. Compartimos la Tradición espiritual común del primer milenio del cristianismo. Los testigos de esta Tradición son la Santísima Madre de Dios, la Virgen María, y los santos a quienes veneramos. Entre ellos están innumerables mártires que mostraron su fidelidad a Cristo y se convirtieron en “la semilla de cristianos”.

A pesar de tener la Tradición común de diez primeros siglos, los católicos y los ortodoxos, durante casi mil años, están privados de comunicación en la Eucaristía. Permanecimos divididos dado a las heridas causadas por los conflictos del pasado lejano y reciente, por las diferencias heredadas de nuestros antepasados, en la comprensión y la explicación de nuestra fe en Dios, un ser único que existe como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lamentamos la pérdida de la unidad, que era una consecuencia de la debilidad y la pecaminosidad humana, que se produjo a despecho de la oración del Primer Sacerdote, Cristo Salvador: “Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17, 21).

Conscientes de muchos obstáculos que hay que superar, esperamos que nuestro encuentro contribuya a la obtención de la unidad mandada por Dios, por la que Cristo había rezado. Que nuestro encuentro inspire a los cristianos de todo el mundo para invocar con el nuevo fervor al Señor, orando sobre la plena unidad de todos sus discípulos. Que ésta, en el mundo que espera de nosotros no sólo palabras, sino acciones, sea un signo de esperanza para todas las personas de buena voluntad.

Teniendo firmeza en hacer todo lo necesario para superar las diferencias históricas heredadas por nosotros, queremos reunir nuestros esfuerzos a fin de dar testimonio del Evangelio de Cristo y del patrimonio común de la Iglesia del primer milenio, respondiendo conjuntamente a los desafíos del mundo moderno. Los ortodoxos y los católicos deben aprender a llevar el testimonio común de la verdad en aquellas áreas, en las que es posible y necesario. La civilización humana ha entrado en un período de cambios epocales. La conciencia cristiana y la responsabilidad pastoral no nos permiten que permanezcamos indiferentes ante los desafíos que requieren una respuesta conjunta.

Nuestra atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución. En muchos países de Oriente Medio y África del Norte, se exterminan familias completas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, pueblos y ciudades enteros habitados por ellos. Sus templos están sometidos a la destrucción bárbara y a los saqueos, los santuarios – a la profanación, los monumentos – a la demolición. En Siria, Irak y otros países de Oriente Medio observamos con dolor el éxodo masivo de cristianos de la tierra donde nuestra fe comenzó a extenderse, y donde ellos vivían a partir de los tiempos apostólicos, junto con otras comunidades religiosas.

Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a tomar medidas inmediatas para evitar un mayor desplazamiento de los cristianos de Oriente Medio. Levantando nuestras voces en defensa de los cristianos perseguidos, también solidarizamos con sufrimientos de seguidores de otras tradiciones religiosas, que se han convertido en víctimas de la guerra civil, el caos y la violencia terrorista.

En Siria e Irak esta violencia ha cobrado miles de vidas, dejando sin hogares y medios de vida a unos millones de personas. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a unirse para poner fin a la violencia y al terrorismo y al mismo tiempo, a través del diálogo, a contribuir a la pronta obtención de la paz civil. Se requiere una ayuda humanitaria de gran escala para el pueblo que sufre, y para muchos refugiados en los países vecinos. Solicitamos a todos los que pueden, influir en el destino de todos los secuestrados, incluyendo a los Metropolitas de Alepo, Pablo y Juan Ibrahim, capturados en abril de 2013, para hacer todo lo necesario a fin de su pronta liberación.

Enviamos oraciones a Cristo, Salvador del mundo, sobre el establecimiento en suelo de Oriente Medio de la paz, que es producto de la justicia (Isaías 32, 17), sobre el fortalecimiento de la convivencia fraterna entre diversos pueblos, Iglesias y religiones situados en esta tierra, sobre el regreso de los refugiados a sus casas, sobre la curación de los heridos y el reposo de almas de las víctimas inocentes. Dirigimos a todas las partes que puedan estar involucradas en los conflictos, un ferviente llamamiento para manifestar buena voluntad y llegar a la mesa de negociación. Al mismo tiempo, es necesario que la comunidad internacional haga todos los esfuerzos posibles para poner fin al terrorismo mediante acciones comunes, conjuntas y sincronizadas. Hacemos un llamamiento a todos los países involucrados en la lucha contra el terrorismo, a las acciones responsables y prudentes. Hacemos un llamado a todos los cristianos y a todos los creyentes en Dios para rezar al Señor Creador y Providente que cuida el mundo, que guarde su creación de la destrucción y no permita una nueva guerra mundial. Para que la paz sea duradera y fiable, se requieren esfuerzos especiales destinadas al regreso a los valores comunes, que nos unen, basados en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

Admiramos la valentía de aquellos que entregan sus vidas por haber dado testimonio de la verdad del Evangelio, prefiriendo la muerte ante la abjuración de Cristo. Creemos que los mártires de nuestros tiempos, procedentes de diferentes Iglesias, pero unidos por un sufrimiento común, son la clave para la unidad de los cristianos. A vosotros, los que sufren por Cristo, dirige su palabra el Apóstol del Señor: “Queridos hermanos,… alegraos de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también os llenéis de alegría cuando su gloria se manifieste” (1 Pedro 4, 12-13).

En esta época turbadora se necesita el diálogo interreligioso. Las diferencias en comprensión de las verdades religiosas no deben impedir que las personas de diversas religiones vivan en paz y armonía. En las circunstancias actuales, los líderes religiosos tienen una responsabilidad especial por la educación de su rebaño en el espíritu de respeto por las creencias de aquellos que pertenecen a otras tradiciones religiosas. Los intentos de justificar actos criminales por consignas religiosas son absolutamente inaceptables. Ningún crimen puede ser cometido en el nombre de Dios, “porque Dios es Dios de paz y no de confusión” (1 Corintios 14, 33).

Atestiguando el alto valor de la libertad religiosa, damos gracias a Dios por el renacimiento sin precedentes de la fe cristiana que ahora se lleva a cabo en Rusia y muchos países de Europa del Este, donde por décadas han gobernado regímenes ateos. Hoy en día, las cadenas del ateísmo militante cayeron, y en muchos lugares los cristianos son libres de profesar su fe. Durante un cuarto de siglo, aquí se erigieron decenas de miles de nuevos templos, se abrieron cientos de monasterios y escuelas teológicas. Las comunidades cristianas realizan amplias actividades caritativas y sociales, prestando diversa asistencia a los necesitados. Los ortodoxos y los católicos a menudo trabajan hombro con hombro. Ellos defienden la base espiritual común de la sociedad humana, dando testimonio de los valores evangélicos.

Al mismo tiempo, nos preocupa la situación que tiene lugar en tantos países, donde los cristianos enfrentan cada vez más la restricción de la libertad religiosa y del derecho a dar testimonio sobre sus creencias y a vivir de acuerdo con ellas. En particular, vemos que la transformación de algunos países en las sociedades secularizadas, ajenas de cualquier memoria de Dios y su verdad, implica una grave amenaza para la libertad religiosa. Estamos preocupados por la limitación de los derechos de los cristianos, por no hablar de la discriminación contra ellos, cuando algunas fuerzas políticas, guiadas por la ideología del secularismo que en numerosos casos se vuelve agresivo, tienden a empujarles a los márgenes de la vida pública.

El proceso de la integración europea, que comenzó después de siglos de conflictos sangrientos, fue acogido por muchas personas con esperanza, como prenda de paz y seguridad. Al mismo tiempo, advertimos en contra de aquella clase de integración que no respeta la identidad religiosa. Respetamos la contribución de otras religiones a nuestra civilización, pero estamos convencidos de que Europa debe mantener la fidelidad a sus raíces cristianos. Hacemos un llamamiento a los cristianos en Europa Occidental y Europa Oriental a unirse a fin de dar testimonio conjunto sobre Cristo y el Evangelio, para que Europa mantenga su alma formada por dos mil años de la tradición cristiana.

Nuestra atención está destinada a las personas que se encuentran en una situación desesperada, viven en la pobreza extrema en el momento en que la riqueza de la humanidad está creciendo. No podemos permanecer indiferentes al destino de millones de migrantes y refugiados que tocan a las puertas de los países ricos. El consumo incontrolado, típico para algunos estados más desarrollados, agota rápidamente los recursos de nuestro planeta. La creciente desigualdad en la distribución de bienes terrenales, aumenta el sentido de la injusticia del sistema de las relaciones internacionales que se está implantando.

Las Iglesias cristianas están llamadas a defender exigencias de la justicia, del respeto a las tradiciones nacionales y de la solidaridad efectiva con todos los que sufren. Nosotros, los cristianos, no debemos olvidar que “para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1 Corintios 1, 27-29).

La familia es el centro natural de la vida de un ser humano y de la sociedad. Estamos preocupados por la crisis de la familia en muchos países. Los ortodoxos y los católicos, compartiendo la misma visión de la familia, están llamados a testificar acerca de la familia como de un camino hacia la santidad, que se manifiesta en la fidelidad mutua de los cónyuges, su disponibilidad para dar a luz a los niños y formarles, en la solidaridad entre las generaciones y el respeto hacia los enfermizos.

La familia es fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña a aceptar uno a otros como a un don. El matrimonio es la escuela del amor y de la fidelidad. Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública.

Hacemos un llamamiento a todos para respetar el derecho inalienable a la vida. Unos millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz. La sangre de los niños no nacidos pide a gritos a Dios que haga justicia. (Génesis 4, 10). La divulgación de la así llamada eutanasia conduce al hecho de que los ancianos y enfermos comienzan a sentirse carga excesiva para su familia y la sociedad en conjunto. Expresamos nuestra preocupación por el uso cada vez más extendido de las tecnologías biomédicas de reproducción, porque la manipulación de la vida humana es un ataque contra los fundamentos del ser de la persona creada a imagen de Dios. Consideramos que nuestro deber es hacer acordarse sobre la inmutabilidad de los principios morales cristianos, basados en el respeto por la dignidad de la persona que está destinada a la vida de acuerdo con el plan de su Creador.

Queremos hoy dirigir unas palabras especiales a la juventud cristiana. Vosotros, los jóvenes, no debéis esconder dinero en la tierra (Mateo 25, 25), sino usar todas las dotes dadas por Dios, para afirmar la verdad de Cristo en el mundo, realizar los mandamientos evangélicos del amor a Dios y al prójimo. No tengáis miedo de ir contra la corriente, defendiendo la verdad de Dios, con la que no siempre se ajustan las normas seculares modernas.

Dios os ama y espera de cada uno de vosotros que seáis sus discípulos y apóstoles. Sed la luz de este mundo, para que otros, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo (Mateo 5, 14-16). Educad a los niños en la fe cristiana para entregarles la perla preciosa de la fe (Mateo 13, 46) que recibisteis de vuestros padres y antepasados. No olvidéis que “Dios os ha comprado por un precio” (1 Corintios 6, 20), el precio de la muerte en la cruz de Dios Hombre, Jesucristo.

Los ortodoxos y los católicos están unidos no sólo por la Tradición común de la Iglesia del primer milenio, sino también por la misión de predicar el Evangelio de Cristo en el mundo contemporáneo. Esta misión requiere respeto mutuo entre los miembros de las comunidades cristianas, excluye cualquier forma del proselitismo. No somos competidores, sino hermanos: debemos arrancar de este concepto ejecutando todas actividades relacionadas con nuestros lazos y contactos con el mundo exterior. Instamos a los católicos y a los ortodoxos de todo el mundo para aprender a vivir juntos en paz, amor y armonía unos con otros (Romanos 15, 5). Es inaceptable el uso de medios incorrectos para obligar a los fieles a pasar de una Iglesia a otra, dejando de lado su libertad religiosa y sus propias tradiciones. Estamos llamados a poner en práctica el mandamiento de San Pablo Apóstol y “anunciar el evangelio donde nunca antes se había oído hablar de Cristo, para no construir sobre cimientos puestos por otros” (Romanos 15, 20).

Esperamos que nuestro encuentro contribuya a la reconciliación donde hay tensiones entre los greco-católicos y los ortodoxos. Hoy en día es obvio que el método de “la unión” de los siglos pasados que implica la unidad de una comunidad con la otra a costa de la separación de su Iglesia, no es la manera de restaurar la unidad. Al mismo tiempo, las comunidades eclesiásticas que han aparecido como resultado de circunstancias históricas tienen derecho a existir y hacer todo lo necesario para satisfacer menesteres espirituales de sus fieles, buscando la paz con sus vecinos. Los ortodoxos y los greco-católicos necesitan la reconciliación y la búsqueda de formas de convivencia mutuamente aceptables.

Lamentamos el enfrentamiento en Ucrania que ya cobró muchas vidas, causó sufrimientos innumerables a los civiles, hundió la sociedad en una profunda crisis económica y humanitaria. Hacemos un llamamiento a todas las partes del conflicto a tener prudencia, mostrar la solidaridad social y trabajar activamente para el establecimiento de la paz. Instamos a nuestras Iglesias en Ucrania a trabajar para lograr la armonía social, abstenerse de participar en la confrontación y de apoyar el desarrollo del conflicto.

Esperamos que la división entre los creyentes ortodoxos en Ucrania sea vencida sobre la base de las normas canónicas existentes, que todos los cristianos ortodoxos de Ucrania vivan en paz y armonía, y que las comunidades católicas del país contribuyan a ello, para que nuestra hermandad cristiana sea aún más evidente.

En el mundo de hoy, multifacético y al mismo tiempo unido por el destino común, los católicos y los ortodoxos están llamados a colaborar fraternamente para anunciar el Evangelio de la salvación, dar testimonio común de la dignidad moral y la auténtica libertad humana, “para que el mundo crea” (Juan 17, 21). Este mundo, en el que se están socavando rápidamente los fundamentos morales de la existencia humana, espera de nosotros el fuerte testimonio cristiano en todos los ámbitos de la vida personal y social. ¿Podremos en la época crucial dar testimonio conjunto del Espíritu de la verdad? De esto depende, en gran medida, el futuro de la humanidad.

Que Jesucristo, Dios Hombre, Nuestro Señor y Salvador, nos ayude en el anuncio valiente de la verdad de Dios y de la Buena Noticia de salvación. El Señor nos fortalece espiritualmente con su promesa infalible: “No tengáis miedo, pequeño rebaño, que el Padre, en su bondad, ha decidido daros el reino” (Lucas 12, 32). Cristo es una fuente de alegría y de esperanza. La fe en él transfigura la vida del ser humano, la llena de significado. Lo han vivido por su propia experiencia todos aquellos de los que se puede decir con las palabras de San Pedro Apóstol: “Antes, ni siquiera erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; antes Dios no os tenía compasión, pero ahora tiene compasión de vosotros” (1 Pedro 2, 10).

Llenos de gratitud por el don de comprensión mutua que se manifestó en nuestra reunión, nos dirigimos con esperanza a la Santísima Madre de Dios, haciendo solicitud con las palabras de la antigua oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Que la Santísima Virgen María con su amparo fortalezca la hermandad de todos que la veneran, para que ellos, en un momento determinado por Dios, se junten, en paz y concordia, en el único pueblo de Dios, ¡sea glorificado el nombre de la Trinidad Consustancial e Inseparable!

Francisco Obispo de Roma, Papa de la Iglesia Católica.- Kiril Patriarca de Moscú y Toda Rusia.-

12 de febrero de 2016, La Habana (Cuba).-

 

NOTA 2.-

La Cuaresma es camino hacia la Pascua, y nos encontramos ya en el segundo domingo. Domingo de la transfiguración del Señor. En el camino hacia la Pascua, en este segundo domingo se nos propone como un adelanto de la meta, al presentarnos a Jesús en su misterio de la transfiguración.

Subió Jesús a un monte alto. El monte, como lugar de elevación, de encuentro con Dios. Y se llevó consigo a tres de sus discípulos, no a todos: Pedro, Juan y Santiago. Estos serán testigos aquí y en otros momentos de esa cercanía e intimidad que Jesús viene a mostrarles para todos los hombres. Y en clima de oración, el aspecto de su rostro cambió (se transfiguró) y sus vestidos brillaban de blancos. Pedro y sus compañeros estaban como somnolientos y al despertarse con ese fulgor que salía de Jesús, exclama: «Qué bien se está aquí, Maestro». Una nube les cubrió a todos y se asustaron. Y en ese momento, Dios Padre les mostró a su Hijo amado.

Qué estampa más bonita, para la contemplación y la oración del tiempo cuaresmal. En esta Cuaresma Jesús quiere elevarnos de nivel, llevarnos consigo a su monte santo. No podemos continuar con una vida rastrera, a ras de tierra, topándonos cada día con los mismos problemas. Hemos de levantar el vuelo e ir con Jesús a lo alto, para mirar nuestra vida desde otra perspectiva, desde la perspectiva de Dios. Y si vamos con Él, Él nos muestra su identidad más profunda: Él es Dios, que ha tomado nuestra carne, nuestra vida. Y en esta carne nuestra nos ha mostrado la gloria de Dios. La gloria de Dios ya no es algo ajeno al hombre, la gloria de Dios se muestra en el rostro humano del Hijo amado y en el rostro de cada persona, especialmente de aquellos que sufren.

En esa relación profunda con Jesús, estamos llamados a experimentar una paz y un gozo que nadie más puede darnos: «Qué bien se está aquí», con Jesús, acogiendo la misericordia de Dios que nos trata como hijos, como amigos. Desde ese gozo y esa paz, estamos llamados a salir al encuentro de cada persona humana para anunciarle nuestra experiencia de Dios y la buena noticia de su salvación para todos. No podemos guardar lo que hemos visto y oído, lo que hemos experimentado junto a Él. Necesitamos comunicarlo, participarlo a otros. Este es el gozo del evangelio y de la evangelización. Esta es la urgencia misionera, que no pase la vida de los demás sin tener noticia de esta nueva vida y puedan disfrutarla cuanto antes.

El encuentro con Jesús, el Hijo amado del Padre, nuestro hermano mayor, que ha venido a la tierra para encontrarnos y salvarnos, es algo que cambia la vida. La experiencia de Dios misericordioso, que se ha revelado en el rostro humano de Jesús, es la pauta principal de la evangelización, que no se impone a nadie, sino que se propone amablemente, aunque a veces escuece.

A veces se plantea la vida cristiana como una carrera de obstáculos en la que prima nuestro esfuerzo. La Cuaresma entonces consiste en un conjunto de prácticas que hacen más austera nuestra vida y nos permiten adelgazar en el alma y en el cuerpo. También es algo de eso. Pero principalmente la Cuaresma es encuentro con Cristo, que es tentado y vence la tentación, con Cristo que en el monte se transfigura y manifiesta la gloria de Dios en su rostro humano, con Cristo que nos invita a subir con él a Jerusalén para participar de su Pascua, de su muerte y de su resurrección. La Cuaresma ante todo es tiempo de gracia y de salvación. Tiempo de misericordia, para alcanzarla y repartirla. Tiempo para ejercitarse en el amor al prójimo, actuando las obras de misericordia.

Subamos a Jerusalén con Jesús, vayamos y muramos con él para resucitar con él a una vida nueva.

 

 

Recibid mi afecto y mi bendición: + Demetrio Fernández, obispo de Córdoba