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Pax Nobis

Queridos cofrades, que las festividades que hemos celebrados nos conduzcan, como a los discípulos de Emaús,  a anunciar que El Señor al que creímos muerto ha resucitado, tal y como estaba profetizado. Pidamos a nuestra Señora, que la muerte y resurrección de su Hijo nos lleve a ser un poquito mejores.  Amén. 

 

Las intenciones del Papa para el  mes abril son las siguientes:

·          Universal: Pequeños agricultores.- Que reciban una remuneración justa por su precioso trabajo.-

·          Misionera: Por la evangelización: Cristianos de África.- Que, en medios de conflictos políticos religiosos, sepan dar testimonio de su amor y fe en Jesucristo.

Festividades especialmente importantes de este mes:

·          Día 4: La Anunciación.-

·          Día 29, Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, su libro El Dialogo es muy, pero que muy, recomendable.  

 

PENSAMIENTOS:

A.     Nacar-Colunga.-  San Mateo 28, 1-7; Mc 16,1-8; Le 24,1-11, y Jn 20,1-10.

No obstante las  pequeñas diferencias de detalle, los cuatro evangelistas nos cuenta lo siguiente: Que pasado el sábado, es decir, el primer día de la semana (en lo sucesivo Día del Señor, DOMINGO) María Magdalena, ya sola ya acompañada, va al sepulcro, hacia el amanecer, con aromas para ungir cuerpo de Jesús; que encuentra el sepulcro vacio y se va corriendo a donde están los once (apóstoles) para hacerles sabedores de este suceso.    

¿Qué podemos deducir de estos hechos?

                      I.        Que es una fiel cumplidora de las prescripciones del sábado. No obstante su inmenso amor al Crucificado, se abstiene de ir a ungirle como seria su deseo y aguarda a que transcurra íntegro este día.  De donde podemos sacar la conclusión de la obligación de cumplir fielmente aquellas disposiciones legales que no sean contrarias a las disposiciones evangélicas.

                     II.        Cumplida la obligación, su amor le hace salir madrugada a ungir a su amado, no obstante las dificultades (ser casi de noche y no saber cómo va a poder abrir la sepultura). El amor no entiende de dificultades, sabe que las podrá superar.

                    III.        ¿Cuándo se dan estos hechos? El primer día de la semana. Jesucristo resucita el primer día de la semana. Es al tercer día de su muerte, tal y como había predicho, ¿pero por qué al tercer día? Para que la creación del mundo y su redención coincidan en el día primero de la semana. En el primer día de la semana se comienza la creación del mundo y en el primer día de la semana se inicia el Reino de los Cielos que tendrá su cenit el día del fin del mundo. Estamos ante una nueva creación, ha nacido el hombre nuevo del que nos hablan los apóstoles, el hombre redimido y hecho hijo del Dios, uno y trino, por medio del bautismo. Cristo, como no podía ser de otra forma,  ha conseguido redimirnos y haciendo de puente  nos ha vuelto hacer amigos (hijos adoptivos) de Dios, y, en consecuencia,  herederos de su gloria. Precisamente por ello, los cristianos hemos pasado de la celebración del sábado (día que el Señor descanso para que los humanos lo hicieran) al Domingo (día del Señor, porque inicia la creación y se exterioriza la llegada del inicio del Reino de los Cielos). 

Si toda donación obliga al donatario a ser agradecido con el donante (hasta el punto que nuestro Código Civil establece la posibilidad de revocar la donación por ingratitud) ¿hasta donde deberá llegar nuestro agradecimiento por la donación que nos ha hecho Jesucristo?    ¿Cómo podremos ungir, como pretendía María Magdalena, el cuerpo de Jesús? Sencillamente cumpliendo su mandato, amándonos  los unos a los otros, por amor a Él, como Él nos amo.  

B.     ¿Podemos los cristianos desear el martirio? No, tajantemente no. No solo ni principalmente porque sea una grave presunción de amor a Dios, sino porque todo martirio implica la existencia de un martirizante, y éste al martirizar  comete un gravísimo pecado, y nosotros no podemos querer, por el mal que para el martirizante implica llevar a cabo su acción. El amor al prójimo,  el verdadero amor al prójimo, nos lleva necesariamente a no desear el martirio.  No es lo mismo soportar el martirio con alegría, como lo han hecho a través de la historia y se hace en estos momentos,  múltiples cristianos, que desearlo. 

Es obligación nuestra, en la medida de nuestras posibilidades evitar el martirio, lo que implica  pedir al Señor, por la mediación de su Madre,  que nos de la gracia, porque es una gracia, de amar a nuestros enemigos, y de estar preparados para perdonarlos,   pero cumpliendo fielmente nuestras obligaciones para Nuestro Dios, que es lo primero de lo primero.  

Este amor a los enemigos y nuestra predisposición a perdonarles, no es incompatible sino complementario, con la obligación que tenemos de defender nuestros derechos y ejercitarlos, sin temor alguno, ante toda clase de autoridad del estado. Y si la defensa de nuestros derechos lleva consigo el castigo de los que lo han infringido, pues que sufran el castigo, que les vendrá bien. 

Conclusión: Que se enteren todos los que no paran de meterse con los cristianos: Nosotros no queremos ser mártires, pero no nos asusta serlo. Os perdonamos de antemano, y os tenemos presente en nuestras oraciones. Lo que vosotros hagáis ya es responsabilidad vuestra.  

 

HABLA EL PAPA:

 

El papa con motivo de la Semana Santa ha sido pródigo en homilías, todas ellas muy interesantes. En la nota 1, transcribo la efectuada el Domingo de Resurrección pasado. Nota1

 

LA IGLESIA EN ESPAÑA

A.     El arzobispado de Toledo organiza la Fiesta Solidaria por la Mujer y la Vida. El Paseo de Merchán de Toledo acogerá este sábado, 12 de marzo, la Primera Fiesta Solidaria por la Mujer y la Vida «Amigos de la Vida», a beneficio del Proyecto Mater, organizada por el Arzobispado de Toledo.  «Con frecuencia he dicho a los católicos que debemos implicarnos en este drama del aborto, que rechazamos de plano. No valen únicamente las manifestaciones. Hay que dejar que afecte a nuestro corazón, hemos de dar nuestro tiempo en actividades “pro-vida” (…)  El aborto no es un tema para solo lamentarse, sino para actuar con imaginación, amor y valentía». El arzobispo de Toledo, don Braulio Rodríguez, y su obispo auxiliar, don Ángel Fernández, acompañarán a todas las personas que acudan a la Fiesta Solidaria por la Mujer y la Vida. Para este importante evento se han programado varias actividades, como una Carrera (5 Km), Marcha Popular (1,5 km), conciertos de música del Grupo Siete Días y José Miguel Seguido, testimonios por la Vida, actividades infantiles, bar y Mercadillo Solidario, con stands de Cáritas, Proyecto Mater, Movimiento Familiar Cristiano y la Delegación de Familia y Vida.

B.     «EN ESAS PAREJAS NO HAY VERDADERO MATRIMONIO»

El Arzobispo de Toledo advierte que la ley no cambia el corazón de los que maltratan y matan a sus parejas

El arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, considera «estupendo que las mujeres amenazadas» lo denuncien y «haya posibilidad de evitar el crimen con nuevos mecanismos de alerta», a la vez que sostiene que «el problema serio radica en que en esas parejas no ha habido verdadero matrimonio». El prelado advierte que las leyes contra la violencia en la familia no cambian el corazón de las personas que causan esa violencia.

«Dejémonos ya de las zarandajas que la ideología de género enturbia. Cuando digo que no hay verdadero matrimonio, no estoy pensando sólo en el matrimonio canónico; también en el civil, ante el representante del Estado», ha asegurado el primado toledano en la publicación Padre Nuestro.

A su modo de ver, «la mayor parte de las mujeres que mueren lo son por sus maridos que no las aceptan, las rechazan por no aceptar tal vez sus imposiciones; o por su expareja, o también por el que convivía con ella; frecuentemente la reacción machista tiene su origen en que ella ha pedido la separación».

Mons. Rodríguez «no piensa en otro de tipo de uniones afectivas, donde casi lo único que les une es lo físico, lo genital y poco más». « ¿Cómo se puede pensar en una relación personal entre hombre y mujer sin las más elementales disposiciones para vivir en común?», se ha preguntado.

Opina el arzobispo toledano que «entrar en la vida del otro o de la otra, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueva la confianza, el respeto y el amor; estas cualidades cuando es más íntimo y profundo el afecto, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar».

También es necesaria, a su parecer, «la necesidad de dar gracias al otro o a la otra por lo que cada uno hace en favor del otro o pedir con frecuencia perdón», una «palabra difícil, pero necesaria, para que las pequeñas grietas no sean fosas profundas».

Los asesinatos y las familias que se rompen

El prelado ha mostrado su preocupación por «los asesinatos violentos, masivamente cometidos por varones contra mujeres, esposas, exparejas de hecho, en unión afectiva o divorciadas de ellos». Al mismo tiempo, ha trasladado su malestar por «las familias que por doquier se rompen» una ruptura que experimenta «un continuo crecimiento».

«Pienso que a nuestros responsables políticos y sociales no les preocupa tanto el dato, cuando con tanto ahínco han luchado para que se implante el llamado divorcio exprés», ha manifestado.

Ha reprochado a estos mandatarios que solo manifiesten y declararen «que hay que endurecer las leyes y la prevención» en los casos de violencia de género. «Por muy buenas leyes que existan o salgan de nuestros parlamentos, el ser humano es interioridad y poco se puede hacer si no se cambia por dentro».

A su juicio, no se deben denominar simplemente 'violencia de género'. El arzobispo señala que cuando ha aparecido cómo tratar este problema en los programas electorales de los partidos, se ha quedado «asombrado».

En este punto, ha considerado que las leyes positivas no pueden «sin más cambiar» el corazón de los presuntos autores de estos «asesinatos», sino que «a lo más cohibirán a algunos en sus propósitos asesinos».

Finalmente, ha alabado la labor de los centros de Orientación Familiar a los que ha agradecido «el bien que hacen». «Sois personas geniales, que utilizáis muy bien la imaginación de la caridad en esta obra espiritual de misericordia: Dar buen consejo al que lo necesita. Esa sí es manera de preocuparse de los problemas reales de las personas que forman las familias: hombres y mujeres concretos», ha concluido.

 

LA IGLESIA EN EL MUNDO

A.     EL TEMPLO NO ES LA CASA DEL PUEBLO, SINO LA CASA DE DIOS. Mons. Robert Morlino, obispo de Madison (Wisconsin, EE.UU), explica en una entrevista la razón por la que ha ordenado que antes de octubre del 2018 todas las parroquias de su diócesis deben tener el Sagrario en el lugar más preeminente de los templos, en el centro del altar mayor.

Fue muy común en los años siguientes al Concilio Vaticano II retirar los sagrarios de los altares mayores de los presbiterios de las iglesias. Muchos vieron en ello una manera de transformar los templos para que pasaran de ser la casa de Dios a ser la casa del pueblo, algo que pareció útil para hacer presente al catolicismo en el mundo moderno. Sin embargo, el obispo Robert Morlino ve la situación de otra manera. El prelado, de 69 años, nacido en Scranton (Pennsylvania), advierte que el templo no es la casa del pueblo, sino la casa de Dios (domus Dei). Una vez eso queda establecido, cree el prelado, la reverencia se convierte en la norma habitual de comportamiento de los fieles.

Como el templo es, de hecho, la casa de Dios, su presencia en el Santísimo Sacramento debe estar en el frente y en el centro. Una vez que eso se cumple, todo lo demás queda en su lugar correcto. Si Nuestro Señor es entronizado en la parte más preeminente del templo, se hace claro de inmediato que allí solo cabe una música que sea sacra, que el arte que muestra solo puede ser sagrado: es un edificio sagrado, separado para adorar al Señor en espíritu y en verdad.

¿Qué piensa sobre las objeciones que dicen que trasladar el sagrario desplazará al coro o evitará que la gente participe en la Misa? Esas objeciones no se dan cuenta de cuál es el centro de nuestra fe: la persona de Jesucristo. Jesús es nuestro Rey y Señor, y eso debemos mostrarlo claramente en la liturgia, no esconderlo. La forma en que se distribuye lo que hay el templo demuestra en qué creemos. Cuando el coro está detrás del altar o en el presbiterio, se manda un mensaje equivocado –decimos que la música debe ser el centro de nuestra adoración–. La segunda objeción –sobre la participación activa–, es extremadamente ridícula. ¿Cómo podría Nuestro Señor distraernos de nuestra adoración? Es como decir que Él nos está distrayendo a través de Él mismo.

Todo lo que hacemos en la liturgia es catequético –lleva un mensaje–. La liturgia es primordial en la vida de un católico; es un encuentro íntimo con el Dios Vivo. Es claro, entonces, que necesita ser hecha en verdad, en lugar de hacerla de acuerdo a nuestros caprichos. Necesitamos tener la humildad de permitirle a Dios ser Dios y revelarse a sí mismo como realmente es. Entonces realmente puede trabajar en nuestras almas para el mayor bien de la humanidad.

Mi mayor motivación es la santificación de mi pueblo. Solo me pregunto «¿Qué puedo hacer para que las almas a mi cuidado sean santas?» Entones, con la ayuda de Dios, hago eso. No es nada extraordinario. Es sólo hacer lo que debo hacer como obispo. Eso puede generar titulares en los periódicos, pero no debería.

 

B.     Mons. Aguer, Arzobispo de la Plata, condena el desmadre de los alumnos católicos en los festejos del «último primer día». «Insensatez adolescente»; «complicidad de las familias» y «autoridades escolares descolocadas». «Durante la semana que concluye, varias madrugadas, los vecinos de la Ciudad han sido despertados a deshora por esa nueva insensatez adolescente que es el festejo del `último primer día`. Lo que me apena es que los protagonistas de esa costosa y ridícula algazara hayan sido alumnos de colegios católicos; la mayoría de ellos, seguramente, habrán cursado en tales instituciones desde el jardín de infantes. ¿Qué hemos logrado?», se pregunta el Arzobispo en relación a estos festejos. «No se me oculta que estas modas descolocan a las autoridades escolares y cuentan con la complicidad de las familias. Sé de un caso en que los padres consiguieron `negociar` con sus hijos que por lo menos pasaran la velada en un lugar seguro», afirma la máxima autoridad de la Iglesia Católica en la Región.

 

C.     El cardenal Parolin en la conferencia sobre el celibato sacerdotal de fecha 6 de febrero de  2016. Vuelve a estar de moda cuestionarse el celibato.  Sabido es que el celibato sacerdotal es una cuestión de puro derecho eclesiástico, por lo que se puede cambiar, si así se estima conveniente.   

Considero importante saber el criterio de persona tan autorizada como lo es el conferenciante, por ello en la nota dos, os la transcribo para que la pueda leer, con calma, el que esté interesado en el tema. Nota 2

 

MEDITACIÓN.

 

Siguiendo el plan previsto y anunciado en la carta anterior, vamos comentar el apartado primero del Credo, “La Unicidad y Trinidad de Dios”.  Los tres credos que vamos a examinar nos dicen:   

 

·          EL SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES: “Creo…, y en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo;

 

·          CREDO DE NICEA: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho;”.  

 

·          CREDO DEL PUEBLO DE DIOS: “Creemos en nuestro Señor Jesucristo, que es el Hijo de Dios. El es el Verbo eternal, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, "homoousios to Patri" (10) y por quien todo ha sido hecho. Se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María y se hizo hombre: igual por tanto al Padre, según la divinidad, inferior al Padre, según la humanidad (11), y uno en sí mismo, no por una imposible confusión de las naturalezas, sino por la unidad de la persona (12).

Habitó entre nosotros, con plenitud de gracia y de verdad. Anunció e instauró el reino de Dios y nos hizo conocer en El al Padre. Nos dio un mandamiento nuevo: amarnos los unos a los otros como El nos ha amado. Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas del Evangelio: la pobreza de espíritu, la mansedumbre, el dolor soportado con paciencia, la sed de justicia, la misericordia, la pureza de corazón, la voluntad de paz, la persecución, soportada por la justicia. Padeció en tiempos de Poncio Pilato, como Cordero de Dios, que lleva sobre sí los pecados del mundo, y murió por nosotros en la Cruz, salvándonos con su sangre redentora. Fue sepultado y por su propio poder resucitó al tercer día, elevándonos por su Resurrección a la participación de la vida divina que es la vida de la gracia. Subió al Cielo y vendrá de nuevo esta vez con gloria para juzgar a vivos y muertos, a cada uno según sus méritos: quienes correspondieron al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna; quienes lo rechazaron hasta el fin, al fuego inextinguible. Y su reino no tendrá fin.

 

Comentario.-  Como decía en mi carta anterior, voy a hacer  un comentario muy somero, ya que no me considero capacitado para elaborarlo con real profundidad; pero me daría por muy satisfecho si sirve de estímulo  para que alguno se animara a estudiar estos maravillosos misterios.

Como se puede comprobar el Credo de Paulo VI es mucho más extenso que los otros dos.  En el concilio de Nicea la "Profesión de fe" en Cristo comienza con una confesión de su divinidad, mediante el término técnico de "Señor"   tradicionalmente aplicado a Cristo, y que  tiene sentido estrictamente divino. Como es obvio, las palabras siguientes "el Hijo de Dios" tienen en este contexto el sentido propio de Hijo natural de Dios, es decir, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

En el credo de Paulo VI se especifica mucho más la naturaleza divina de Jesucristo.  El tema de la divinidad del Hijo es desarrollado aún más con la afirmación de "consubstancialidad" con el Padre. La afirmación se hace con la expresión técnica latina ("consubstancial al Padre") reforzada por la expresión técnica griega (homoousios to Patri). Sin duda es curioso este deliberado uso de un doble tecnicismo, latino y griego respectivamente. Algunos autores han manifestado que tanto esta expresión de consustancial como la de sustancia (al hablar de la conversión del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo) ya no es entendida por la generalidad de la gente, y que puede ser sustituida, sin perjuicio alguno, como lo hacía el Catecismo holandés, por otra expresión. No puedo estar de acuerdo con esta posición. Cuando se habla de materias serias la terminología es esencial, y debe usarse con la mayor corrección posible. Además todo cambio terminológico encierra, per se, una pretensión de cambio, o al menos de modificación, del concepto. Por ello me parece totalmente acertada la posición de Roma, cuando exigió que se modificara el catecismo holandés en este punto y en otros varios. 

La afirmación de que por el Hijo (el Verbo) "han sido hechas todas las cosas" tiene su origen en el prólogo del evangelio de San Juan: Todas las cosas han sido hechas por él (Jn 1,3)'"; la frase se encontraba ya en el Símbolo Niceno: "señalemos el que el Hijo ha colaborado [en la obra creadora] en su calidad de Verbo, Sabiduría y Virtud del Padre.

El Verbo se hizo carne (Jn 1,14). Pasamos a la afirmación de la Encarnación. La "Profesión de fe" de Pablo VI recoge, al igual que el Símbolo Niceno, las dos expresiones: "se encarnó" y "se hizo hombre".  En el concilio de Nicea se hizo ver que "con decir que el Hijo de Dios tomó nuestra carne no queda aún inequívocamente afirmado el que haya tomado una humanidad perfecta y completa. Precisamente por ello se dijo “'se hizo hombre”, que no deja lugar a dudas" '

La Encarnación se realizó "por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen". La encarnación se hizo sin obra de varón. No puede haber duda alguna de que la fórmula tiene, históricamente considerada, el sentido que hoy, en ciertos ambientes, se ha dado en llamar "biológico".  Pero la fórmula del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, empleada aquí por Pablo VI, no subraya sólo la virginidad de María en la concepción de Jesús, sino también su actividad maternal en esa misma concepción: "por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen". Con ello históricamente se pretendía cerrar el paso a toda tendencia gnóstica: la carne de Jesucristo es carne verdaderamente humana producida de María.  Se colocaban así sólidamente los dos polos del misterio de maternidad y virginidad de María en la concepción de Cristo.

El credo continúa diciendo: Hábito entre nosotros, lleno de gracia y de verdad.  Anuncio y fundó el Reino de Dios, que se inicia en esta vida, y tendrá su plenitud en la otra (de esto ya he hablado antes).

Nos enseño y ordeno un mandato nuevo: Que nos amaramos los unos a los otros como Él nos amo.  No tiene el carácter de caridad cristiana aquel que simplemente ama al prójimo, por mucho que haga en su favor, sino el que le quiere porque ve en el prójimo a un hermano en Jesucristo. Afirmaba Teresa de Calcuta, cuando le dijeron personas, que ellos no harían por todo el oro del mundo lo que ella hacía con sus pacientes, Yo tampoco lo haría por todo el oro del mundo, lo hago porque vemos en ellos a Jesucristo.

Nos enseño las bienaventuranzas. Padeció bajo Pilato, fue muerto, con su muerte asumió para sí todos los pecados del mundo, y con esta asunción de los pecados nos trajo la salvación. Ningún ser humano se salva por sí mismo, sino  por los meritos de Jesucristo.

Resucitó al tercer día, y con su resurrección  nos hizo participes de la vida divina.

Subió a los cielos y  de allí  ha de volver para juzgarnos a todos, a los muertos y a los vivos (estos son los que vivan en el momento de la Nueva llegada de Jesús).

Habrá premio y castigo, y este premio o castigo será para siempre. Es decir, eterno. Pero ha de tenerse en cuenta que el concepto tiempo y por lo tanto el de eternidad, son conceptos de esta tierra, humanos. En el otro mundo, no existe el tiempo.   

Continuará…

POESIA

 


Jesucristo es la Luz del mundo que ha venido para que no caminemos en tinieblas, sino que tengamos la luz de la vida. Que él nos guíe para que aprovechemos bien el nuevo día que nos ha concedido:

Dios mío,

enséñame a gestionar y

administrar bien el tiempo que me das,

y a usarlo bien sin perderlo.

Enséñame a prever sin atormentarme.

Enséñame a sacar provecho de los errores pasados

sin dejarme llevar por los escrúpulos.

Enséñame a imaginarme el futuro,

aun sabiendo que no será nunca como me lo imagino.

Enséñame a llorar mis faltas

sin caer en la inquietud.

Enséñame a actuar sin prisas,

y a darme prisa sin precipitarme.

Enséñame a unir la serenidad y el fervor,

el celo con la paz.

Ayúdame al principio,

porque es cuando soy más débil.

Vigila mi atención cuando estoy trabajando.

Y, sobre todo, llena tú el vacío de mis obras.

Jean Guitton

 


 

Os reitero inútilmente, una vez más, que se admiten, mejor dicho se agradecen infinitamente, toda clase de sugerencias y colaboraciones para tratar de que estas cartas nos sirvan para acrecentar nuestro amor a la Virgen María.

Un fuertísimo abrazo.  Sursum corda. Habemos ad Dominum.  Aleluya, Aleluya. Paco

 

 

NOTA 1.-

«Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (Sal 135,1)

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!

 Jesucristo, encarnación de la misericordia de Dios, ha muerto en cruz por amor, y por amor ha resucitado. Por eso hoy proclamamos: ¡Jesús es el Señor!

Su resurrección cumple plenamente la profecía del Salmo: «La misericordia de Dios es eterna», su amor es para siempre, nunca muere. Podemos confiar totalmente en él, y le damos gracias porque ha descendido por nosotros hasta el fondo del abismo.

Ante las simas espirituales y morales de la humanidad, ante al vacío que se crea en el corazón y que provoca odio y muerte, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación. Sólo Dios puede llenar con su amor este vacío, estas fosas, y hacer que no nos hundamos, y que podamos seguir avanzando juntos hacia la tierra de la libertad y de la vida.

El anuncio gozoso de la Pascua: Jesús, el crucificado, «no está aquí, ¡ha resucitado!» (Mt 28,6), nos ofrece la certeza consoladora de que se ha salvado el abismo de la muerte y, con ello, ha quedado derrotado el luto, el llanto y la angustia (cf. Ap 21,4). El Señor, que sufrió el abandono de sus discípulos, el peso de una condena injusta y la vergüenza de una muerte infame, nos hace ahora partícipes de su vida inmortal, y nos concede su mirada de ternura y compasión hacia los hambrientos y sedientos, los extranjeros y los encarcelados, los marginados y descartados, las víctimas del abuso y la violencia. El mundo está lleno de personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu, mientras que las crónicas diarias están repletas de informes sobre delitos brutales, que a menudo se cometen en el ámbito doméstico, y de conflictos armados a gran escala que someten a poblaciones enteras a pruebas indecibles.

Cristo resucitado indica caminos de esperanza a la querida Siria, un país desgarrado por un largo conflicto, con su triste rastro de destrucción, muerte, desprecio por el derecho humanitario y la desintegración de la convivencia civil. Encomendamos al poder del Señor resucitado las conversaciones en curso, para que, con la buena voluntad y la cooperación de todos, se puedan recoger frutos de paz y emprender la construcción una sociedad fraterna, respetuosa de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos. Que el mensaje de vida, proclamado por el ángel junto a la piedra removida del sepulcro, aleje la dureza de nuestro corazón y promueva un intercambio fecundo entre pueblos y culturas en las zonas de la cuenca del Mediterráneo y de Medio Oriente, en particular en Irak, Yemen y Libia. Que la imagen del hombre nuevo, que resplandece en el rostro de Cristo, fomente la convivencia entre israelíes y palestinos en Tierra Santa, así como la disponibilidad paciente y el compromiso cotidiano de trabajar en la construcción de los cimientos de una paz justa y duradera a través de negociaciones directas y sinceras. Que el Señor de la vida acompañe los esfuerzos para alcanzar una solución definitiva de la guerra en Ucrania, inspirando y apoyando también las iniciativas de ayuda humanitaria, incluida la de liberar a las personas detenidas.

 Que el Señor Jesús, nuestra paz (cf. Ef 2,14), que con su resurrección ha vencido el mal y el pecado, avive en esta fiesta de Pascua nuestra cercanía a las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes del mundo, como ha ocurrido en los recientes atentados en Bélgica, Turquía, Nigeria, Chad, Camerún y Costa de Marfil; que lleve a buen término el fermento de esperanza y las perspectivas de paz en África; pienso, en particular, en Burundi, Mozambique, la República Democrática del Congo y en el Sudán del Sur, lacerados por tensiones políticas y sociales.

Dios ha vencido el egoísmo y la muerte con las armas del amor; su Hijo, Jesús, es la puerta de la misericordia, abierta de par en par para todos. Que su mensaje pascual se proyecte cada vez más sobre el pueblo venezolano, en las difíciles condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país, para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos. Y que se promueva en todo lugar la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco, lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos.

 El Cristo resucitado, anuncio de vida para toda la humanidad que reverbera a través de los siglos, nos invita a no olvidar a los hombres y las mujeres en camino para buscar un futuro mejor. Son una muchedumbre cada vez más grande de emigrantes y refugiados –incluyendo muchos niños– que huyen de la guerra, el hambre, la pobreza y la injusticia social. Estos hermanos y hermanas nuestros, encuentran demasiado a menudo en su recorrido la muerte o, en todo caso, el rechazo de quien podrían ofrecerlos hospitalidad y ayuda. Que la cita de la próxima Cumbre Mundial Humanitaria no deje de poner en el centro a la persona humana, con su dignidad, y desarrollar políticas capaces de asistir y proteger a las víctimas de conflictos y otras situaciones de emergencia, especialmente a los más vulnerables y los que son perseguidos por motivos étnicos y religiosos.

Que, en este día glorioso, «goce también la tierra, inundada de tanta claridad» (Pregón pascual), aunque sea tan maltratada y vilipendiada por una explotación ávida de ganancias, que altera el equilibrio de la naturaleza. Pienso en particular a las zonas afectadas por los efectos del cambio climático, que en ocasiones provoca sequía o inundaciones, con las consiguientes crisis alimentarias en diferentes partes del planeta.

Con nuestros hermanos y hermanas perseguidos por la fe y por su fidelidad al nombre de Cristo, y ante el mal que parece prevalecer en la vida de tantas personas, volvamos a escuchar las palabras consoladoras del Señor: «No tengáis miedo. ¡Yo he vencido al mundo!» (Jn 16,33). Hoy es el día brillante de esta victoria, porque Cristo ha derrotado a la muerte y su resurrección ha hecho resplandecer la vida y la inmortalidad (cf. 2 Tm 1,10). «Nos sacó de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, del luto a la celebración, de la oscuridad a la luz, de la servidumbre a la redención. Por eso decimos ante él: ¡Aleluya!» (Melitón de Sardes, Homilía Pascual).

A quienes en nuestras sociedades han perdido toda esperanza y el gusto de vivir, a los ancianos abrumados que en la soledad sienten perder vigor, a los jóvenes a quienes parece faltarles el futuro, a todos dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: «Mira, hago nuevas todas las cosas... al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21,5-6). Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos. ¡Tenemos tanta necesidad!

 

NOTA 2.-

Tengo el honor de concluir esta Conferencia sobre " El celibato sacerdotal, un camino de libertad ", promovido por la Pontificia Universidad Gregoriana, quiero agradecer a la persona del P. François-Xavier Dumortier Rector, no sólo por la invitación, pero para tener un espacio dedicado, tiempo y energía para un tema tan importante como delicada. También me gustaría dar las gracias a Monseñor, Tony Anatrella, psicoanalista, especialista en psiquiatría social, consultor y colaborador de diversos departamentos de la Curia romana, que también fue el creador y organizador de la iniciativa.

En esta dimensión de la vida del sacerdote Hay un montón de estudios que abarcan las diferentes disciplinas e incluso en las últimas décadas, se ha estudiado en profundidad por la Iglesia. Sin embargo, más allá de los pronunciamientos del Magisterio y de estudios especializados, es probable que se mantenga en un nivel superficial, o por lo menos parcialmente la percepción común sobre la cuestión. Muchas veces no entienden bien el significado y ni el valor ni la elección del celibato; otras veces, alrededor de ella se hacen importantes reflexiones sociológicas y psicológicas que cortar, sin embargo, no se incluyen en una dimensión teológica y eclesial; en otras ocasiones, en comparación con los tiempos y las nuevas necesidades cambiantes, nos preguntamos "¿qué daño no lo haría, después de todo, incluso si fueran casados."

Lo que yo creo que va a ayudarnos a corregir el tiro - incluso en el conocimiento de que hablamos de un trenzado de mirar a la vida humana y no de una teoría especulativa - es el título que tiene la intención de dar a esta iniciativa, "un camino de libertad", de la cual me gustaría empezar la reflexión. A continuación, me gustaría vincular el celibato con la identidad del sacerdote y con los requisitos relativos a la misión pastoral.

1. Una vía hacia la libertad

Me gustaría empezar, por lo tanto, "camino hacia la libertad." Titulado dos palabras significativas se almacenan aquí, en esta introducción, me gustaría desarrollar brevemente:

la carretera : la palabra expresa la actitud fundamental del creyente a ser un discípulo: que avanza en el encuentro con Dios, más se siente atraído por su llamada y le puso en pasos de sus pasos. La orientación para ofrecer la propia vida en una perspectiva de celibato por el Reino de Dios, que es definitivo en la elección inicial y las intenciones, nunca puede ser entendida como una conquista poseía una vez por todas; por el contrario, al igual que con todos los demás aspectos de la vida sacerdotal, incluso en esta área siempre estamos en el camino, los discípulos en la escuela del Maestro, a veces sorprendidos por la fatiga y las dudas, ya veces lugares, por los mismos deberes del ministerio, en la soledad o en afecto necesidad de reconocimiento. Después de haber recibido una llamada tan importante desde arriba y tener que vivir con todas las dimensiones de su ser al sacerdote impone una serena humildad, para librarlo de la presunción podría hacerlo solo; como se ha mencionado por el Santo Padre en los dos años de atrás de la misa Crismal, que nos diga lo pobre un cura que no se basa en la gracia de Dios, "Nadie es más pequeño que un cura, de izquierda a su propia fuerza" 1 . Como sabemos, una regla fundamental de la vida espiritual es que nunca se sienten llegado, no caer en la presunción de que surge de una creencia exagerada en sus propias fuerzas, desprovisto de la humildad y la dependencia. En cualquier campo, pero tal vez deberíamos decir sobre todo en el tan delicado que se refiere a la elección del celibato, se puede sentir el "seguro" para siempre, y lejos de la lucha espiritual y la necesidad de conversión. Por lo tanto, " El sacerdote no debe pensar que la ordenación hace que todo sea fácil para él y lo protegió pantallas permanentemente de cualquier tentación o peligro " 2 , pero, por el contrario, cada día se debe renovar la oferta de su propia vida a Cristo y la Iglesia, experimentando con la fundación en la oración y la realización de la misión. En el campo del celibato requerido por el día escrutinio de sí mismos y una prudencia evangélica, pero, antes de eso, la capacidad de confiar humildemente su vida sacerdotal a la gracia de Dios, en el conocimiento de que el sacerdote es " el hombre expuesto a lucha espiritual contra las tentaciones de la carne en sí mismo y el mundo, renovando continuamente su resolución de perfeccionar cada vez más y cada vez mejor su oferta irrevocable, que lo compromete con una lealtad completa, justa y real' 3 ; la libertad : es la segunda palabra en el título de su elección, y es un requisito previo para comprender el significado del celibato. En nuestro contexto, esta palabra especifica la dirección del camino, ya que estamos hablando de "camino hacia la libertad." ¿Qué significa esto? Yo diría que el ofrecimiento diario de uno mismo, renovada en la oración y en el ministerio, con un corazón humilde y abierto a la gracia, permite a la vez un crecimiento y una maduración de toda nuestra persona. El hombre es un misterio único, no hay separaciones o yuxtaposiciones; es un ser "infinitamente abierta" porque viene de Dios y está marcado con la unción del Espíritu Santo. Si es así, todos los aspectos del crecimiento de la vida espiritual está entrelazada e incorpora un crecimiento integral de los otros aspectos de su humanidad; Es lo que estamos repitiendo incluso en comparación con la formación de los sacerdotes: si no hay un hombre no puede ser incluso el cura. Esta conexión profunda, lo que hace que cada uno de nosotros una criatura siempre ha estado abierto a la relación fundamental con Dios requiere de nosotros existe una cooperación activa con la obra de la gracia divina; entonces, por un lado, tenemos que huir voluntarismo que no la defensa de todo, desde el esfuerzo humano, pero, por el otro, tenemos que aprender que Dios nos transforma, si nos dejamos modelar y si trabajamos con él. Encontramos aquí el punto esencial, a saber, la libertad. Dios quiere que crezca la libertad del hombre en su hijo, no forzar la mano, es decir, respetando la libertad y su participación en el proceso. Este modo, que se refiere a la existencia de Dios y su acción se refleja en cada área de la vida de la iglesia y personal y, por lo tanto, incluso en el celibato. También en este caso, la respuesta a la acción de Dios, pidiendo la total unión con él y una dedicación completa al servicio del Reino de Dios, nace de una persiana, renuncia a un ascetismo mortificante o un simple "obligación canónica". Más bien, él llama a los hombres libres, hacia el interior de calma, con una estructura de personal equilibrada y madura, consciente de la llamada y de libre disposición requisitos, con la ayuda de la gracia, para vivir plenamente. Sólo un hombre libre también puede ser serenamente soltera y, por tanto, el celibato es un camino de libertad que dura toda la vida.

Como se puede ver, esta primera aproximación se deducen dos aspectos que nos ayudan a leer el celibato positivamente en relación a la vida de los sacerdotes: no es una petición inhumana, la aceptación pasiva de un conjunto de reglas, un heroísmo ganó a través de una esfuerzo renuncia o, incluso, una meta ideal es no afirmar que el compromiso de un viaje personal, humana y espiritual; por el contrario, se trata de una libertad de elección, con vencimiento en una manera conectada a la llamada al sacerdocio, y es por dentro aceptó pagar ella con un corazón libre y sin divisiones.

Para aclarar, podemos hacer referencia a la sabiduría con la que el apóstol Pablo habla de la relación entre la Ley y el Espíritu: esta ley externa, que las exigencias de la Iglesia Latina para el sacerdocio ministerial, la identidad sacerdotal está profundamente ligada a la maduración de la llamada y a las peticiones del Ministerio, de manera que se convierta en un "derecho interno", escrito con la tinta del Espíritu. Aquí se aplica la pena mencionar incluso las hermosas palabras del Beato Papa Pablo VI: " De esta manera, la obligación del celibato, que se une a la Iglesia del Orden, se hace por parte del sujeto personal propio, bajo la influencia de la gracia divina y con plena conciencia y libertad, no sin, por supuesto, el consejo sabio y prudente de los directores espirituales competentes que están preocupados de no imponer, sino para hacer que la opción más grande y libre consciente; y en ese momento solemne, que decidirá por siempre para toda su vida, el candidato no se siente el peso de una imposición desde el exterior, pero la alegría interior que acompaña una elección hecha por el amor de Cristo ".

Este camino de la libertad conduce a internalizar la identidad de los sacerdotes en la imagen de Cristo y, al mismo tiempo, a vivir con plena disponibilidad el ministerio. Identidad y ministerio del sacerdote son las dos áreas principales con los que se relaciona el celibato; teniendo la perspectiva del Concilio Vaticano II, podríamos decir: es una dimensión que "ha, por muchas razones, una relación de conveniencia con el sacerdocio [...] Con el virginidad observado para el reino de los cielos, los sacerdotes están consagrados a Dios con una forma nueva y excelente, se adhieran a él más fácilmente con un corazón indiviso, se dedican más libremente en él ya través de él al servicio de Dios y de los hombres, y más su reino y su obra de regeneración espiritual , y por lo tanto son más aptos para recibir en un sentido amplio, la paternidad en Cristo".

2. El misterio del sacerdote: hombres configurados con Cristo

Podemos hacer referencia, ahora, a las dos áreas en las que el celibato está estrechamente relacionados: la identidad del presbítero en cuanto configurado con Cristo y su misión pastoral. De hecho, no sólo hace que el individuo actúa in persona Christi , pero está llamada a llevar toda la vida a la misión pastoral del Maestro:. Vivir por lo que en los pasos de Cristo en una oferta gratuita, libre y total para el Pueblo de Dios que se iniciaría el primer aspecto, es decir, teniendo en cuenta la paradoja de la persona del sacerdote: un hombre configurados con Cristo.

Como sabemos, la persona humana desafía cualquier intento de simplificar y para cualquier análisis objetivo; exige ser incluido en su totalidad y en la totalidad de los aspectos, que queda un poco abierta la pregunta, una pregunta que se proyecta así, una realidad que trasciende lo dado puramente biológico, psicológico y social. Podríamos decir que esto es cierto, para algunos aspectos en forma amplificada, para la persona del sacerdote. Él está impresionado con el signo del misterio de Dios y, en cierto modo, que permanecen ocultos al mundo las razones profundas de su corazón y los movimientos interiores que le llevó a ofrecer su vida por los demás.

¿Quién es este hombre? Lo que realmente vive? ¿Cuáles son las raíces de las razones que lo llevaron a ofrecerse a Cristo y dar vida a los hermanos?

Para responder a estas preguntas, hay que colocar la identidad del sacerdote en Cristo. El aspecto fundamental del sacerdote que, paradójicamente, su ser de alguna manera "desposeídos", su "no pertenecer", sólo tiene que ser "llamado" y, por lo tanto, es un sacerdote en la medida en que la su vida, está totalmente dirigido a Aquel que lo llama. El cura es tal sólo si "sale de sí mismo", dejando la raíz en Cristo y configurado para él, para tener el mismo corazón del Buen Pastor que va, orientación, atención y su vida por su rebaño. Francisco ha aclarado este aspecto con palabras muy eficaces: " El cura que pretenden encontrar la identidad sacerdotal introspectivamente la investigación de la vida interior no puede encontrar nada pero las señales que dicen" salida "de ti mismo, para ir en busca de Dios en 'culto, salir y dar a su gente lo que le han confiado, y su gente cuidará para que se sienta y disfruta de lo que eres, ¿cuál es tu nombre, ¿cuál es su identidad y hacer que os alegráis con un ciento por uno que Dios ha prometido a sus servidores. Si no fuera de sí mismo, el aceite se vuelve rancio y la unción no puede ser fructífero. Salir de sí mismo requiere despojarse de uno mismo, implica la pobreza".

Por lo tanto, vamos a hablar de un hombre cuya identidad más profunda, íntimamente conectado con el servicio que realiza, depende de una primacía de Dios: Él es quien lo llamó en primer lugar, lo que constituye a favor de los hombres en lo que a Dios (cfr Hb 5. , 1).

Si intentamos comprender esta realidad, nos encontramos con una lectura teológica del ministerio ordenado, en el que, sin embargo, yo no quiero extenderme mucho, ya que está bien investigado por los estudiosos, especialmente en lugares como éstos; simplemente se refieren solamente, en línea con la reflexión del Concilio Vaticano II, al hecho de que el sacerdote se configura con Cristo sacerdote: " El sacerdocio de los presbíteros - dice Ibid - se formaliza con ese peculiar sacramento en el que el cura, para la unción Espíritu Santo, están marcados con un carácter especial y así se configuran con Cristo sacerdote, de modo que puedan actuar en la persona de Cristo cabeza".

El Consejo entiende este aspecto ampliamente y de forma dinámica, es decir, no reduciéndola a la única dimensión ontológica, cultual y sacra, pero insertarlo en la perspectiva de la naturaleza misionera de la Iglesia; en Lumen Gentium (n. 28), de hecho, nos encontramos con esta dimensión cristológica-misionera de los sacerdotes: que como Cristo fue ungido por el Padre para ser enviado a los hombres, el sacerdote es ungido en Cristo sirviendo a los demás.

Es muy importante para nosotros, hoy, para saber que esta línea se desarrolla, en los años postconciliares, la reflexión de la entonces teólogo Joseph Ratzinger, según el cual el auto-entendimiento de Jesús siendo enviado por el Padre es el punto de partida para la elección que Jesús mismo va a hacer, para llamar y enviar los Apóstoles. Desde esta perspectiva, sin disminuir la importancia de la relación entre el sacerdote y Cristo, tiene la ventaja de incluir el enlace con la Iglesia y con la misión pastoral al servicio de la humanidad.

Cristo y la Iglesia, incluso cuando hablamos de la identidad del sacerdote, nunca deben ser disociados. Es en esta perspectiva que el Consejo tenía intención de hablar de la "ventaja especial" del celibato sacerdotal: Este panorama nos ofrece la oportunidad de formular la solicitud y la elección del celibato: es un signo de la configuración con Cristo, incluso en su elección virginal; Al mismo tiempo, es el signo total de amor y dedicación absoluta a la Iglesia, a la imagen de Cristo Esposo y Pastor que da su vida por la humanidad.

La configuración con Cristo, que es la base de la identidad del sacerdote, por lo tanto, posee un significado esponsal, que se expresa en la donación personal a Cristo ya su Iglesia, como signo de Dios para los hombres y avanzar en el Estados futuro. El cura, por lo tanto, configurados con Cristo, está llamada a vivir la caridad pastoral, que es el don total de sí mismo a la Iglesia, signo vivo del amor de Cristo por su novia.

De hecho, la Pastores dabo vobis afirma que la motivación última es " la relación entre el celibato y la ordenación sagrada , que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia como la Novia de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo en el que Jesucristo, Cabeza y Esposo la querían. El celibato sacerdotal, entonces, es el don de sí mismo en y con Cristo a su Iglesia y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor. Para una vida sacerdotal espiritual adecuada, el celibato debería ser considerado y vivido no como un hecho aislado o puramente negativo, sino como un aspecto de un positivo, específico y propio del sacerdote: él, dejando a su padre y madre, sigue Jesús, el buen Pastor, en una comunión apostólica, al servicio del Pueblo de Dios".

Expresando la libertad y la dedicación a esta entrega de sí mismo a los demás, y luego el matrimonio con la comunidad a la que hemos sido enviados, el celibato no puede ser visto principalmente como una renuncia o como una separación de la humanidad; por el contrario, revela el profundo vínculo entre el sacerdote y el pueblo: el cura ama a su pueblo y la Iglesia con un corazón indiviso, amor total, dedicación libre y absoluta, a imagen de Cristo esposo y Buen Pastor, a los que se configura.

Si la identidad del sacerdote se internaliza en esta dirección, es posible abrazar el celibato y agarre, junto con los problemas que plantea, el valor y la belleza. Esto se hace más difícil, o incluso imposible, si el sacerdote está obligado a una especie de oficial, un gestor de llamada para hacer frente a su liderazgo una empresa, o un sacerdote cuyo ámbito de acción se limita a la esfera de lo sagrado.

3. El celibato, la vocación para la misión

Después de referirse a algunos aspectos de la naturaleza e identidad del sacerdocio cristiano, en esta segunda parte tengo la intención de centrarse más específicamente en el "celibato", en virtud del hecho de que, aunque " no es requerido por la naturaleza misma del sacerdocio " es " de manera especial para la vida sacerdotal " (PO,. n 16), tal y como recuerda el Concilio Vaticano II. Las diferentes prácticas utilizadas por las Iglesias orientales católicas y la Iglesia latina se encuentran en estos dos estados, su razón de ser. En este contexto, el objeto de mi reflexión será el celibato sacerdotal, vivido y aceptado en la Iglesia latina, y "en gran estima" sacerdotes (c. 373 CCEO) por las Iglesias orientales católicas, de la que normalmente existe casados.

Preferí no proponer en este documento un resumen de los fundamentos del Nuevo Testamento - ya presentados con eficacia en la intervención del Dr. Manes - y la historia del celibato, que son un hecho establecido en sus elementos esenciales, a partir, por ejemplo, desde el Concilio de Elvira (306) o por las primeras medidas "oficiales" de Siricio Papa (385), que son una síntesis de la experiencia de la Iglesia de los primeros siglos. Sólo diré que la comprensión del celibato con el tiempo se ha profundizado, ya sea por las circunstancias históricas cambiantes, tanto a través de la experiencia y la práctica experimentada por la Iglesia. En particular, una identificación celibato con la única continencia - esta interpretación es un ejemplo excepcional en decretista Uguccione de Pisa (1140) - durante la vida de la Iglesia, se ha llegado a entender que hoy en día de una manera más amplia y rica, como el "camino hacia la libertad", felizmente mencionado en el título de esta conferencia, que ya hemos hablado.

Así que me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el celibato hoy en día, empezando por el hecho de que la Iglesia latina ha continuado, y continuar, para encontrar que sea rentable para tomar la decisión, " a pesar de todas las dificultades y las objeciones de los siglos, para conferir orden sacerdotal sólo para hombres que tienen evidencia de haber sido llamado por Dios para el don de la castidad en el celibato absoluto y perpetuo ", según las palabras exhortación apostólica Pastores dabo vobis (n. 29).

Así que esto es una realidad que caracteriza a la Iglesia de hoy, en el que todos vivimos, y que exige cada vez más a ser comprendido e ilustrada, como " una joya brillante ", en palabras del Beato Papa Pablo VI (Enc. Sacerdotalis Caelibatus , 1967, p. 1), que adorna el tesoro de la Iglesia.

Por lo tanto, quiero a tientas para hacer una contribución a la comprensión y apreciación del celibato sacerdotal para la Iglesia y para el mundo de hoy, hablando de ella como una vocación, dado a algunos, y explicar algunos aspectos de la "ventaja especial" que combina la celibato y ministerio sacerdotal en una pastoral y práctico. El fondo de horizonte se dibuja siempre por el Beato Pablo VI en Sacerdotalis Caelibatus (24 de junio 1967), que describe los tres significados que subyacen en el celibato de los sacerdotes - cristológico, eclesiológico y escatológico, como hemos escuchado esta mañana .

3.1 El celibato como un descubrimiento vocación, celebrado y apreciado

El celibato sacerdotal es ante todo vocación, un carisma especial que Dios hace un regalo a su Iglesia, a través de la llamada de algunos a lo siguen de esta manera y vivir en el celibato como su condición discípulos. Es una visión positiva, en la que el celibato no aparece como un simple conjunto de renuncias o como un "homenaje a pagar" con el fin de ejercer el ministerio o extrínseca impone la obligación de los sacerdotes. Por lo tanto, ellos parecen limitadas, y la limitación, aquellas descripciones que sólo identifican el celibato con el personal que no estaba casado, con todas las consecuencias del caso, y se han centrado principalmente en las "privaciones" lo que implica, dejando de lado lo positivo y las posibilidades que ofrece, de acuerdo con la felicidad personal y la misión de la Iglesia.

Esta vocación es parte de la configuración global de Cristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia, el sacerdote lleva a cabo desde los años de formación inicial en el seminario. Al igual que cualquier vocación, incluso aquellos que el celibato tiene que ser descubierto por aquellos que lo recibió como un regalo; Es la "perla preciosa" que Dios pone en la vida de algunos y en espera de ser sacado a la luz. Por lo tanto, debe ser un camino de madurez humana, lo que lleva a la persona al deseo de realización emocional a través del discernimiento de relaciones serias y profundas, tal vez incluso a pensar en el matrimonio. Para aquel que busca la verdad sobre sí mismos en serio y plena disponibilidad, en algún momento de la vida de la pareja, aunque encantador y atractivo, puede ser como un horizonte limitado, como un vestido hermoso y elegante en general, pero demasiado pequeño para la persona hormigón. En estos casos es aconsejable preguntar si tal sensación límite está vinculado a una inmadurez personal o no haber conocido a la persona adecuada para compartir su vida, o más bien, si no es de la llamada de Dios a la vida célibe.

Incluso en aquellos que son llamados al celibato debe seguir siendo alta y positiva imagen de la vida conyugal y la vocación al matrimonio; De hecho, el celibato en este sentido no es la antítesis de matrimonio, pero es sólo una manera diferente de entregarse por completo en una relación amorosa. Será un discernimiento que tiene en cuenta la vida emocional y la calidad de las relaciones vivido, para ayudar a la persona para tomar en sí mismo el don del celibato. Es importante que en este descubrimiento el celibato no es percibido como un escape de o rechazo de una relación de pareja, sino como la profundización y la especificación del deseo de una vida plena y satisfactoria amor.

Una vez descubierto, esta vocación exige también ser aceptado y lo que no siempre es evidente, incluso cuando se percibe claramente. A veces, los que han entendido la llamada a seguir al Señor en el camino del celibato luchando inicialmente a abandonar la idea de sí mismo que había concebido previamente, viven una tensión entre sus proyectos y la llamada de Dios, es un momento delicado, un paso importante de la conversión, en el que la persona vive el reto de la disponibilidad al Señor, una voluntad de ser guiados y para conocer y experimentar una nueva parte de sí mismo.

Es lo que ocurre con Pedro, según Lucas (5: 1-11), cuando recibe a Jesús en su barco, lleno de buena voluntad para ayudar a Maestro. Pero en esa reunión por lo general se entera de las palabras de Jesús a lo sorprendente que lo invitan a cuestionar la verdad de sí mismo que él sabía, su "profesionalidad" y la experiencia de los pescadores desde hace mucho tiempo. En el ', en tu palabra, echaré las redes "es el signo de una novedad bienvenida, aunque tal vez aún no está totalmente percibido. Es el encuentro con Jesús que se revela a Pedro a Pedro; en la relación con Jesús, se detecta una realidad diferente de lo que habíamos pensado hasta entonces. Y cuando Jesús le dice que lo convertiría en un "pescador de hombres", Peter entiende algo fundamental; la llamada de Jesús no es contraria a sus deseos y todo lo que ha vivido hasta ese momento. Es una manera muy diferente, más grande e inesperado, para darse cuenta de esos deseos, un camino a través de la cual su viaje personal de vida es bien recibida por Jesús y transforma; Siempre pescador, sino de hombres.

Por lo que incluso le pasa a los que sintió la vocación al celibato. No es contrario a los deseos de felicidad y plenitud y puede aceptarse sólo en una relación con el Maestro; No son célibes por una especie de provisión voluntaria de sus propias pasiones o espiritistas encerrarse en sí mismos, sino por el deseo de amar más, gracias a las posibilidades que ofrece la celibato. Toda la persona se dedica en cuerpo y alma, en esta vida, que es la respuesta a una llamada y que cuenta con el apoyo de Dios.

Una visión de la vida célibe que no toma en cuenta lo que inevitablemente contraproducente primero para el cuidado pastoral de las vocaciones, sino también para la vida de los sacerdotes. El celibato es, de hecho, requerido por una norma disciplinar, pero esta regla tiene una base profesional; la norma, podríamos decir, la protección de una vocación, no impone. Si este fundamento se rechaza o se ignora, la disciplina para convertirse en un absurdo. ¿Quién estaría dispuesto a dar su vida sólo para observar una disciplina? Cuando el celibato es concebida de esta manera, es difícil de sostener en el largo plazo y produce insatisfacción, frustración, buscando una compensación inadecuada o incluso el abandono. Estamos llamados a vivir como el amor y el compromiso personal con Dios, en el nombre de Cristo, al igual que le pasó a Pedro. No da su vida para cumplir con una regla, pero para ofrecerlo a una persona, a Dios mismo, y así hacer un regalo a toda la humanidad, para la Iglesia y para el mundo.

Al igual que cualquier viaje grave, incluso el de la vida en el celibato tiene sus exigencias y requiere un compromiso diario en los que descubrió y dio la bienvenida como una vocación; a continuación, el celibato es un don que también hay que cuidar.

Esto puede ser a través de un afecto célibe maduro y bien cultivada; no es la ausencia de afecto y las relaciones profundas, como ya he dicho. Para el sacerdote que fundó, la vocación al celibato, en el equilibrio y la disciplina de afecto, se alimenta en la vida cotidiana a través de una serie de relaciones: con Dios, con los seres queridos - los hermanos, parientes y otros amigos -, así como con los fieles, confiados por razón del ministerio. Estas relaciones son como las tres patas de una mesa, la cual, si es soportado adecuadamente, que se equilibran entre sí, y se benefician equilibrio cura personal y espiritual, y su efectividad ministerial.

El celibato así entendida, lejos de ser una forma de aislamiento y ausencia de relaciones profundas, en lugar constituye la oportunidad de establecer más numerosos, sin ser determinado únicamente por cualquiera de ellos. A continuación, el celibato no significa convertirse en "solitario", o peor, "individualistas", pero, como discípulos, a sabiendas de cómo ser la escuela del Maestro, en un recuerdo amoroso, que le permite también a abrazar al otro y llegar a ellos, dentro de relaciones maduras y apropiada a la vida de un sacerdote.

Sólo para reforzar esta idea del celibato como un centro de las relaciones, me gustaría dedicar unas palabras a cada una de las tres categorías de relaciones que he mencionado antes. El primero de ellos es el que tiene el Señor. El sacerdote no debe convertirse en un profesional libre de pastoral, pero mantener en el tiempo un discípulo amante de su maestro, constantemente lo siguiente. Es una relación diaria, un diálogo de amor, entre el sacerdote y Jesús el que lo llama; se nutre especialmente a través de la Eucaristía, celebrada y adorada, con la oración personal y la escucha orante de la Palabra de Dios.

Ciertamente, no es una "receta" nuevo, pero creo que es útil para presentar de nuevo, porque en torno a los sacerdotes a menudo hay mucho movimiento y el ruido, por así decirlo, de las personas, de los periódicos, la radio y la televisión, los extremos de Internet y de la vida ser una sucesión incesante de las cosas que se puede hacer en lugar de informar la vida. Mediante la medición y la disciplina sacerdotal también hay que entender que la gente: "... tengo que tomar un poco de silencio por mi alma; Me alejo de vosotros para unirme a mi Dios, "como el Papa Juan Pablo I dijo en su discurso al clero romano (7 de septiembre, 1978).

El afecto del celibato a continuación, hace fecunda las relaciones con sus seres queridos, que es de esperar acompañan toda la vida del sacerdote; Creo que en primer lugar los lazos familiares, dentro de la cual se formó la humanidad del sacerdote. Los padres, hermanos y hermanas son aquellos en frente de la cual un sacerdote no puede pretender u ocultar, porque siempre he conocido. Las relaciones son a menudo valiosa, como una caja fuerte y se retiraron del puerto, donde se destacan en los momentos de fatiga, para buscar el entendimiento y la escucha, o en las de alegría para un intercambio genuino. Es importante recordar que la soltería no significa estar sin familia, pero siguen perteneciendo a su entorno nacimiento. Luego están los amigos de toda la vida, tal vez conocidos antes de entrar en el pueblo de seminario, franca que no tienen miedo de hablar con claridad y aman el cura, sobre todo, por su humanidad, incluso antes de su papel.

Me gusta hacer referencia de manera especial, y luego más ampliamente a la "familia especial" en la que el sacerdote entra a la ordenación, la del presbiterio; es una basada en la "fraternidad sacramental" familia 10 . Hay varias maneras de poner en práctica con los hermanos de fraternidad sacramental, que se puede hacer de varias formas, tales como la reunión de forma espontánea, sobre todo, a meditar en la Palabra de Dios y orar juntos, sino también para compartir las satisfacciones y dificultades, tal vez en la mesa , durante las comidas, lo que hace que sea más fácil e inmediato compartir, jóvenes y viejos juntos. Como en cualquier familia, de hecho, incluso entre los sacerdotes están los ancianos, a los que el Santo Padre ha expresado en varias ocasiones su preocupación, lo que puede constituir un "tesoro" de la experiencia pastoral y espiritual.

Piedad, por supuesto, nunca debe faltar en las relaciones cotidianas entre los sacerdotes, a través de un perdón mutuo y profundo, sin secuelas resentimiento, lo que permite ir más allá de los desacuerdos y malentendidos, inevitables incluso en las mejores familias.

La última categoría de informes que apoya y nutre el afecto del celibato es la de los fieles confiados por razón del ministerio; con ellos el sacerdote está llamado a establecer relaciones sinceras, libres y liberadoras, sin apego excesivo y exclusivo, y en estrecha proximidad a todos. Los fieles de esta manera no son del "destinatario del servicio" ofrecido por el cura, pero la porción concreta de la Iglesia, Pueblo de Dios, que el cura en un momento determinado de su vida se confía. Para ellos está llamada a ser un signo del amor misericordioso de Dios y en el corazón de un pastor debe ser capaz de encontrar los servicios y la calidez del amor de Dios. Por ello, el Ministerio puede entenderse como el ministerio relacional, como un medio de comunión.

En resumen, en la Iglesia, el celibato recibido como una vocación está siempre determinado podrá ser experimentada " por el reino de los cielos " (Mt 19, 12). En los que lo reciben, que no está destinada a sofocar o reprimir el deseo de felicidad que está en cada hombre, sino más bien para apoyar y promover la misma. Claro, es un discipulado exigente y agotador a veces, pero no pierde su carácter como una forma de alegría. El celibato del sacerdote es un don de Dios para la Iglesia y para el mundo, por lo que es vigilado y fecundada por su relación diaria con personas reales que componen la Iglesia y el mundo de todos los sacerdotes, en la constante apertura y disponibilidad a la gracia divina.

3.2 La "ventaja especial" del celibato para la misión apostólica

Después de tratar de exponer la naturaleza profesional del celibato sacerdotal, examinando algunas de las consecuencias, me gustaría ahora poner de relieve la "conveniencia especial" que la Iglesia reconoce entre el celibato y el sacerdocio.

En este sentido, entonces, el celibato es principalmente una oportunidad para discipular discipulado y la configuración especial de Cristo. Como los apóstoles, llamados por Jesús "estar con él" (Mc 3,14), las vidas de sacerdotes realidad el celibato como un espacio de escucha y de relación privilegiada con el Señor; en el silencio y la intimidad, el discípulo ve cada vez más amor por el Maestro y se une su vida a la suya, convirtiéndola en vista de las exigencias de la misión que el mismo Maestro se basa. El sacerdote célibe es tal que configurarse sacramentalmente a Cristo, Pastor y Siervo, Sacerdote, Cabeza y Esposo de la Iglesia y, en palabras de Pastores Dabo Vobis 11 , " está llamado en su vida espiritual para vivir el amor de Cristo el novio en el respeto de la Iglesia novia. Su vida debe ser para irradiar este sentido esponsal, que exige que él sea un testimonio del amor esponsal de Cristo, para ser tan capaz de amar a la gente con un corazón nuevo, grande y puro, con una verdadera auto-distanciamiento, con plena, constante y fiel dedicación, y junto con una especie de divina "celos" con una ternura que cubre incluso los matices de la madre, capaz de hacerse cargo de los "dolores de parto" hasta "que Cristo sea formado" en fieles ".

De este modo se hace más fácil entender cómo el celibato es conveniente para la cura de la misión que se le confía, como he mencionado anteriormente. En el celibato del sacerdote es libre de amar a todas las personas en Cristo, sin doblarse sobre todo a cualquiera. Es una libertad al amor que se expresa no sólo en los sentimientos, pero sobre todo en las acciones, que se origina en el corazón y el flujo en la vida diaria. Lejos dall'intendere la ausencia de un único o especial relación, tales como la cama, por ejemplo, como un índice de "leer" las relaciones, nunca más profundidad, el celibato es para el sacerdote la oportunidad de hacerse cargo, en profundidad y verdad de vez en cuando de las personas y situaciones que enfrentar a causa de su ministerio.

En un afecto, cuidado, este amor también es libre en el sentido de que se hace ningún deseo de poseer o excesivo apego; porque el amor de Cristo sacerdote, fiel a su misión, funciona como un instrumento en las manos de Dios, para unirse a él y su pueblo de la Iglesia. Es agradable ver a las personas y comunidades queridas a su pastor, pero gracias a él especialmente enamorados de Cristo y listos para continuar siguiendo sólo Cristo.

Un sacerdote que ama la libertad en tanto, no ocupa de las transferencias y las nuevas tareas, a pesar de la fatiga humana y comprensible de desprendimiento de algunas personas reales. Incluso el cambio de lugar y situaciones, se percibirá como un discípulo iba detrás del Maestro, de una manera que es unitario y para siempre, y esto no percibirá roturas o fracturas; que va a ser una peregrinación ininterrumpida discípulo, que todo cambio es un paso, y en la unidad de ella encuentra su razonabilidad.

Por último, me gusta pensar en el celibato sacerdotal como una libertad para servir. Como Jesús instó a sus discípulos a no confiar en los bienes y en los instrumentos humanos (cfr. Mt 10, 9-10), en vista de su misión, por lo que vuelve celibato esta "luz de viaje" para llegar a todos, llevando solamente el amor de Dios. configurado para Cristo pastor, el sacerdote está siempre en la manera de servir a la gente y, de acuerdo con la feliz imagen evocada por Francisco 12 , "a veces se le ponga en frente para liderar el camino y sostener la esperanza del pueblo, otras veces simplemente se pararán en el medio de todo, con su simple y cercanía misericordiosa, y en algunas circunstancias, tendrá que caminar detrás de la gente, para ayudar a aquellos que se quedan atrás ".

En conclusión, el celibato es una vocación que en la Iglesia latina se considera que es especialmente conveniente para aquellos que son llamados al ministerio sacerdotal. Es una oportunidad para que el cura de vivir la afectividad rica, por su propio viaje personal y para el ejercicio de su misión; No es la ausencia de relaciones profundas, pero el espacio para ellos. Se trata de un "camino hacia la libertad", el discípulo sacerdote lleva a cabo junto con Cristo, por su gracia, sostenido y animado, para la Iglesia y el mundo.

La espiritualidad del sacerdote celibato es una propuesta "positiva", constructiva, que tiene como objetivo asegurar que el pueblo de Dios siempre tienen pastores radicalmente libres del riesgo de corrupción y asumir de.

Al mismo tiempo reconocer que esta propuesta implica la altura no significa que sea exclusivo, como dice el Concilio Vaticano II en la Presbyterorum Ordinis , alegando que la elección del celibato "es, sin duda no exigido por la naturaleza misma del sacerdocio, como es evidente si tenemos en cuenta la la práctica de la Iglesia primitiva y la tradición de las Iglesias orientales, en la que, además de los que con todos los obispos eligen con la ayuda de la gracia del celibato, también hay excelentes sacerdotes casados " (n. 16).

La Iglesia Católica, de hecho, nunca ha impuesto las Iglesias Orientales La elección del celibato. Por otro lado también permite excepciones en el curso de la historia, como en el caso de los pastores luteranos, calvinistas o anglicanos que se casaron, recibidos en la Iglesia Católica, han obtenido una dispensa para recibir el sacramento del Orden. Esto ya ocurrió durante el pontificado del Papa Pío XII, en 1951. Más recientemente, en 2009, el Motu proprio Anglicanorum coetibus del Papa Benedicto XVI autorizó el establecimiento de Ordinarios en los territorios de la Iglesia latina, donde se llevan a ex ministros anglicanos, sacerdotes ordenados católicos. Más tarde, a continuación, a la emigración masiva de los católicos de Oriente Medio, en junio de 2014 Francisco, con el Decreto del Pontificio Praecepta un clero casado Oriental , ha permitido a los sacerdotes orientales casados para trabajar en las comunidades cristianas en la diáspora, por lo tanto, fuera de sus territorios tradicionales , mediante la derogación de las prohibiciones anteriores.

En la situación actual, a continuación, aparece con mucha frecuencia, especialmente en algunas regiones, una especie de "emergencia sacramental", causada por la falta de sacerdotes. Esto ha planteado por muchos la pregunta sobre la posibilidad de ordenar la llamada probati viri. Si el problema no parece irrelevante, ciertamente no hay necesidad de hacer que las soluciones precipitadas y sólo sobre la base de la urgencia. Sigue siendo cierto que las exigencias de la evangelización, junto con la historia y la tradición de múltiples facetas de la Iglesia, dejan pendiente, el paisaje en los debates legítimos, ya sea motivado por el anuncio del Evangelio y llevado a cabo de una manera constructiva, salvaguardando siempre la belleza y  altura de la elección del celibato.

 

El celibato es de hecho un regalo que debe ser acogida y cuidado de la perseverancia gozosa, porque puede fruta totalmente oso. Para vivir con éxito, es necesario que todo sacerdote sigue sintiendo discípulo en la carretera durante toda la vida, a veces pueda encontrar y profundizar su relación con el Señor, y, también, para que "curar"; no es coincidencia que Francisco ha recordado que en el viaje de los discípulos de veces proceder enviado, otras veces nuestro ritmo es incierto, nos detenemos y también puede caer, pero permaneciendo siempre en el camino».